Cuidemos la piel del planeta


Técnicos relacionados a la agricultura coinciden en señalar que de avanzar la erosión y la desertización del planeta, las posibilidades de alimento para la población mundial se verán muy complicadas.

“Con muy buen criterio se ha afirmado que los primeros 20 centímetros de la corteza terrestre, alimentan al mundo. Ocurre que es allí donde las raíces de nuestros cultivos de trigo, avena, cebada, maíz, arroz, soja, girasol, tomate, hortalizas y frutales en general, encuentran la mayor parte de los nutrientes que necesitan para su desarrollo. Es también allí donde las pasturas que alimentan al rodeo lechero nacional, al ganado de carne, al ovino, etc. desarrollan sus raíces y se nutren”, dice reciente publicación dada a conocer por el responsable de la Oficina Regional Litoral Norte, División Suelos y Aguas, técnico agropecuario, Juan C. Palacios.

La cuestión es que los problemas de la erosión no son los únicos que afectan la fertilidad de los suelos. También aporta lo suyo la contaminación por otros factores, como lo es el uso indiscriminado y muchas veces irresponsables, ya sea por ignorancia o por simple falta de sensibilidad, de los denominados agrotóxicos.

Es más, el ciudadano de las ciudades, como es el caso de Salto, tampoco tiene la más mínima conciencia con respecto al uso responsable de algunos elementos y materiales cuya acumulación en los cursos de agua y en la tierra mismo van generando problemas cada vez más importantes.

Las pilas de todos tipo, siguen tirándose desaprensivamente en cualquier lado. Ni siquiera se recogen y depositan en algún lugar específico. A lo sumo van a parar con el resto de los residuos y luego la Intendencia los entierra junto al resto de la basura, donde no se ven más, pero comienzan a arruinar toda la tierra y los cursos de agua de las cercanías.

Los mismo sucede con los plásticos de todo tipo que no sólo se acumulan, sino que causan graves daños a la flora y fauna a su alrededor.

Ni que hablar de los vidrios, cuyo reciclaje es muy factible, pero los hombres derrochones y descuidados prefieren romperlos y tirarlos en cualquier lado. En el mejor de los casos terminan enterrados, donde llevará cientos de años biodegradarse e integrarse al ambiente.

Es hora de asumir el daño que estamos haciendo a veces inconscientemente y a veces no tanto. Llegará el momento en que será tarde, para dar marcha atrás en muchas cosas.