De la simpatía de la parcialidad al fanatismo de las barrabravas

EdEsta tarde se disputará nuevamente el clásico mayor del fútbol uruguayo. Se trata de una instancia tan particular que en alguna medida es capaz de hacernos olvidar que somos compatriotas, para dividirnos y separarnos por algunas horas, más allá de todo sentimiento.

Como todo lo “anti” para quienes entran en este concepto, el adversario “es malo y destruye”. Deberían de saber que el fanatismo es negativo tanto para quien lo predica como para quien lo ejerce.

Es por eso que no compartimos el fanatismo ciego, que obnubila y termina justificando cualquier acción, incluso los crímenes, como lamentablemente ha sucedido en los últimos tiempos en nuestro país.

Ni que hablar de la situación que se da en otros lugares cercanos, donde la violencia está entronada y a esta altura parece imposible de eliminar y el paso de estos “barrabravas” queda teñido por los daños, los saqueos, cuando no por sangre inocente producto de acciones incalificables.

Por nuestra parte, preferimos ser de los uruguayos que por encima de colores y divisas, cuando hay una partida de un equipo compatriota con otro extranjero, podamos sentirnos alegre por el triunfo, aún cuando no festejemos.

Admitimos las bromas sanas, respetuosas, que sirve para alentar y disfrutar de los triunfos y para respetar debidamente al perdedor.

No hay que olvidar que se trata nada más que de un deporte y cuando compite un uruguayo, sea donde fuere que juegue contra un extranjero, deberíamos de estar todos alentándolo y no preparando las acciones aberrantes para mofarnos y burlarnos si no le va bien.

Es que también el fútbol ha sido invadido por los violentos, la gente indeseable capaz de convertir un deporte sano y saludable casi en una guerra, a la que los padres y otros familiares nos deja sumamente preocupados cuando alguno de nuestro entorno concurre.

El propio deporte debería de ser el más interesado en sacudirse de encima a estos indeseables.

Sabemos que no es un tema sólo del Uruguay, pero esto no puede ser excusa alguna para hacer frente al problema. Si todos reaccionáramos de alguna manera, recalcando nuestro rechazo ante una manifestación de violencia, recurriendo a quien corresponde para ponerla en su lugar, seguramente lograríamos erradicar a estos inadaptados.

Dicho esto y por encima de banderías deseamos que gane quien muestre mejor juego. Es lo mejor que podemos pretender.