De Policías y policías

La función profesional del Policía es una de las más “antipáticas” si se quiere, pero también la que puede alcanzar más respeto de la población a quien la ejerce debidamente.
Si bien el Policía no es diferente a ningún otro ciudadano, en cuanto a la necesidad de demostrar su honestidad y su eficiencia a la hora de cumplir con su deber, la autoridad que le confiere la ley frente a los demás ciudadanos, puede llevarle a merecer este respeto o también – cuando es mal usada – a caer en el descrédito y la falta de confianza de la población.
Eso sí, cuando se pierden las referencias que establece esta función, entonces no solo se está cayendo en una mala gestión, sino que un policía deshonesto es como bien se lo ha indicado, un traidor para sus propios compañeros.
No ignoramos que en la situación actual existen muchas dificultades para enfrentar el delito, tal es así que el problema de la seguridad es señalado casi unánimemente en cualquier parte del mundo como uno de los más difíciles de resolver, sin que nadie haya podido encontrar una salida adecuada, al menos en el corto plazo.
Que existen medidas disuasivas, como la intensificación de la vigilancia, por ejemplo, es indudable, pero no es todo. La prevención ayuda a disuadir, pero no siempre y tampoco alcanza para solucionar el tema de fondo, a lo sumo para disminuirlo.
Hoy las drogas, las faltas y excesos cometidos por una minoridad que tiene condiciones de libertad (sin desconocer que también suelen haber casos puntuales de libertinaje) que no existían pocos años atrás, hacen mucho más complejo el tema.
La seguridad requiere de un análisis serio, profundo y responsable de todos los organismos involucrados en él y son pocos los que no lo están. Este es el punto de partida.
Todo lo demás es posterior y debe estar alineado en el mismo sentido. Esto es: la atención a las causas principales de la delincuencia, pobreza, desempleo, desintegración de la familia y otros.
Recién luego, o sea una vez atendidos estos elementos, lo que no quiere decir que sea posterior en el tiempo, deben encararse los aspectos referidos a la prevención y represión del delito, tarea esencial de la Policía.
Generalmente se cae en el facilismo de creer que la delincuencia se arregla con mayor represión, con leyes más “duras”, con mayor cantidad de policías. No, indudablemente que no. A lo sumo esto puede disminuir momentáneamente el delito, pero nunca lo erradicará.
Obviamente que son medidas que habrá que estudiar y es probable que actualizar y adecuar a las necesidades, pero teniendo muy claro que de por si, no significarán una solución al problema.
La policía más numerosa, la que dispone de mayores recursos y más componentes humanos en sus filas, no será suficiente jamás.
Hay otros elementos que deben acompañar y respaldar su labor, como también debe de chequearse permanentemente el accionar policial, de forma más fácil de lo que se hace hoy, por parte de los controles internos y también de los medios de comunicación masiva, que tienen entre sus funciones esenciales, la de investigar y exponer públicamente, entre otras cosas, el accionar de los organismos públicos.
Esta es la cuestión de fondo. El buen policía merece todo el respeto de la ciudadanía, el que deja que desear en su desempeño, no merece el más mínimo respeto. Creer que la ciudadanía no sabe distinguir o que la falta de información puede mantenerla ignorante de la situación, es un error.
Así de sencillo.
Alberto Rodríguez Díaz.