De política y políticos

La política es la más altruista de las tareas humanas, en cambio algunos políticos – no todos –, hacen de ella la más detestable.
Asumida como la ciencia que trata del gobierno y la organización de las sociedades humanas, especialmente de los estados, es la mejor forma de trabajar para el pueblo, de asumir la función pública como la mejor forma de tratar de favorecer a los que menos tienen, de hallar la manera de hacer menos penosa la pobreza de los más carenciados.
Nada más dignificante que esta tarea y nada mejor para representarla que la democracia.
Sin embargo, cuando hay gente (Ud. póngale los nombres que entienda caben en esto), que asumen la función política como forma de enriquecerse, de hacer dinero y de lograr bienes y prebendas en su provecho, el de sus familiares y amigos, entonces la figura del político se vuelve aborrecible.
Esto puede hacerse directa o indirectamente. Puede llegarse a la situación por propia convicción, porque es la forma (nefasta forma) que entiende que debe hacerse política o bien por temor, atemorizado por lo que se dice o se puede decir de él, de su entorno, de sus seguidores.
También conocemos de esta forma de entender el quehacer político, la gente que se deja amedrentar o gusta de “acordar” determinadas condiciones con quienes se plantan en la oposición, oficialmente o desde otros sitios que tienen o procuran tener incidencia sobre la labor del político para que finalmente los dejen de “molestar”.
En cualquiera de estos casos es prestarse a la corrupción o corruptela al fin, porque se termina cediendo y concediendo aún cuando se sepa que se están haciendo cosas injustas, malversando y prestándose a la corruptela rayana en el delito, porque por algo sigue vigente hasta este momento el delito de abuso de funciones y más de un político ha conocido la cárcel por él. Ejemplos de esto los hay en todos los partidos que han llegado al poder en nuestro país.
Esta corruptela alcanza al político mediocre, al improvisado, a quien dice y promete una cosa y termina haciendo otra por la sencilla razón de que no tiene luces suficientes o autoridad moral suficiente para enfrentar estos amedrentamientos.
Honestamente no es en lo que creemos. Hemos sostenido de por vida que la actividd política debe estar orientada a beneficiar al pueblo, a los que se sacrifican trabajando, estudiando, esto es dedicando su vida a tratar de salir de la situación de pobreza que han heredado.
Esto requiere de un orden, de una gestión honesta y prolija, utilizando de la mejor forma posible los recursos disponibles.
Así entendida la política ha dado grandes hombres en nuestro país, gente a veces procedente de familias adineradas que sin embargo terminan pobres o al menos dejan la política ostentando la misma situación y con los mismos bienes que tenían al llegar a ella.
Es en esta gente en quien creemos y felizmente, aunque sean pocos, aún quedan.
Alberto Rodríguez Díaz