De por sí sola la reclusión no soluciona nada

El problema carcelario no es nuevo, ni mucho menos propio.

Tiene muchísimas puntas e indudablemente la cárcel no es más que el punto terminal, extremo,  que tiene la sociedad para quienes llegan allí, por lo general tras un largo camino de violación de normas y leyes que la sociedad se ha fijado para  la sana y pacífica convivencia.

Si alguien en este país piensa que el tema de la seguridad comienza y termina con tener más cárceles y más represión, se equivoca de «pe a pa». No dudamos que tener más cárceles y en mejores condiciones es un aspecto importante, imprescindible, pero es sólo una punta de la madeja.

Sería sólo «tirar la pelota hacia delante», pero nada más.

Si el encarcelamiento de una persona no cumple la esencia de hacerlo reflexionar sobre lo errado del camino de la delincuencia y lo ayuda a reencauzar su vida, por lo meos a todo aquel que tiene interés en hacerlo, entonces no aporta nada.

Mientras la «fábrica» de delincuentes siga funcionando a pleno, se necesitarán cada día más cárceles y será una cosa de nunca acabar.

Quiérase o no existen problemas sociales – de los que todos somos parte – que están en el nacimiento mismo de esta temática.

Los niños sin padre o sin madre, que se crían con abuelos u otros familiares, cuando no con desconocidos, los niños marginados, abandonados a su suerte, que muchas veces deambulan por las calles todo el día. El embarazo adolescente fruto de una niñez desorientada, son entre otros los problemas sociales que deberíamos revisar si pretendemos llegar a conocer la génesis de este tema.

Pero en cuanto estrictamente a la situación de los reclusos, hay algunas cosas que jamás entenderemos.

No entendemos por qué seguimos teniendo un sistema carcelario que tiene a los reclusos hacinados, ociosos, a los que hay que alimentar y proporcionar otros servicios, sin siquiera exigirles un mínimo de contrapartida.

No entenderé jamás por qué no se los puede hacer trabajar en obras públicas, tan necesarias, cuando en contrapartida este país sigue teniendo carencias en materia de red de saneamiento, de agua potable, de tendido de redes de energía eléctrica, de carreteras y calles en mal estado, todas obras que tienen un alto costo debido a la mano de obra que requieren y no siempre se tienen los recursos para pagarlas. No entenderé jamás por qué no es posible poner a trabajar a los reclusos en estas obras, pagarles lo que corresponde y descontarle la comida, en lugar de tenerlos ociosos, sólo esperando la hora de la comida.

Ni que hablar que las cárceles son lugares deprimentes donde difícilmente se rescatan personas. En las actuales condiciones es muy difícil que  alguien pueda cambiar de vida después de pasar por una cárcel. La enorme mayoría sale de allí con un alto grado de resentimiento hacia la sociedad.

No sabemos de quién depende cambiar esto, si de la Justicia, de los legisladores, del Ministro, el Presidente de la República o si de todos ellos junto a nosotros, pero en algún momento alguien deberá asumirlo de una vez por todas.

Y no nos equivoquemos: nada se arreglará bajando la edad para meter a los menores en la cárcel.

Alberto Rodríguez Díaz