De redes sociales y otras formas de acusaciones

Las redes sociales, ha venido para quedarse y significan un gran aporte para la libertad de expresión.
En los hechos, hubo instancias claves para naciones enteras en los últimos tiempos, en que la posibilidad de comunicarse por estas redes han sido de gran utilidad.
Pero también hay que tener en cuenta, sobre todo cuando se desconoce lo que supone la incorporación a ellas aportando la información personal, aún  sin adherir a estas redes que en los hechos estar en la red significa perder privacidad, con lo que esto supone de bueno y malo a la vez.
Tiempo atrás al ocuparnos del tema recibimos numerosos correos electrónicos ampliando nuestra información.
Incluso se registró el hecho inusual de un candidato a la Intendencia de Montevideo ( Javier de Haedo), quien públicamente hizo apreciaciones sobre un supuesto diálogo con el candidato presidencial del Partido Colorado, Pedro Bordaberry a través de una red social, cuando Bordaberry le aclaró que “nunca dialogó con él por esta red”.
Conclusión: alguien se hizo pasar por el líder del “Vamos Uruguay” y logró su aviesa intención, hacerle creer a de Haedo que hablaba con Bordaberry y debatía con él, cuando éste nunca lo hizo.
También hay que saber que la posibilidad del anonimato se presta para difamar y difundir cualquier tipo de calumnias.
Sin embargo, también hay posibilidades de alguna  manera, de acusar o responsabilizar concretamente en casos en que la Justicia, por falta de pruebas suficientes o cualquier otro vericueto, ha dejado libre a autores de hechos verídicos, acciones delictivas, que no ha podido probar.
Cuando estas personas son acusadas públicamente, ya sea por redes sociales o de cualquier otra forma por acusadores anónimos, reaccionan de diferentes maneras y sus reacciones son las que delatan la veracidad o nó de los cargos que se les hacen.
Si alguien desliza un comentario difamante por una red social, y se puede determinar quien es el autor, en cualquier parte del mundo es pasible de ser responsabilizado penalmente.
Si el acusado es inocente lo habitual es que a su vez denuncie las acusaciones y pida la investigación que corresponde.
Ahora bien, cuando sabe que una investigación puede dejarle mal parado o serle contraproducente optará por la vía del silencio o de alguna otra acción alternativa.
Esto en resumidas cuentas significa admitir su responsabilidad en los cargos y supone además que socialmente, para la comunidad, es responsable de las acusaciones.

Las redes sociales, ha venido para quedarse y significan un gran aporte para la libertad de expresión.

En los hechos, hubo instancias claves para naciones enteras en los últimos tiempos, en que la posibilidad de comunicarse por estas redes han sido de gran utilidad.

Pero también hay que tener en cuenta, sobre todo cuando se desconoce lo que supone la incorporación a ellas aportando la información personal, aún  sin adherir a estas redes que en los hechos estar en la red significa perder privacidad, con lo que esto supone de bueno y malo a la vez.

Tiempo atrás al ocuparnos del tema recibimos numerosos correos electrónicos ampliando nuestra información.

Incluso se registró el hecho inusual de un candidato a la Intendencia de Montevideo ( Javier de Haedo), quien públicamente hizo apreciaciones sobre un supuesto diálogo con el candidato presidencial del Partido Colorado, Pedro Bordaberry a través de una red social, cuando Bordaberry le aclaró que “nunca dialogó con él por esta red”.

Conclusión: alguien se hizo pasar por el líder del “Vamos Uruguay” y logró su aviesa intención, hacerle creer a de Haedo que hablaba con Bordaberry y debatía con él, cuando éste nunca lo hizo.

También hay que saber que la posibilidad del anonimato se presta para difamar y difundir cualquier tipo de calumnias.

Sin embargo, también hay posibilidades de alguna  manera, de acusar o responsabilizar concretamente en casos en que la Justicia, por falta de pruebas suficientes o cualquier otro vericueto, ha dejado libre a autores de hechos verídicos, acciones delictivas, que no ha podido probar.

Cuando estas personas son acusadas públicamente, ya sea por redes sociales o de cualquier otra forma por acusadores anónimos, reaccionan de diferentes maneras y sus reacciones son las que delatan la veracidad o nó de los cargos que se les hacen.

Si alguien desliza un comentario difamante por una red social, y se puede determinar quien es el autor, en cualquier parte del mundo es pasible de ser responsabilizado penalmente.

Si el acusado es inocente lo habitual es que a su vez denuncie las acusaciones y pida la investigación que corresponde.

Ahora bien, cuando sabe que una investigación puede dejarle mal parado o serle contraproducente optará por la vía del silencio o de alguna otra acción alternativa.

Esto en resumidas cuentas significa admitir su responsabilidad en los cargos y supone además que socialmente, para la comunidad, es responsable de las acusaciones.