De trabajo y trabajadores

Mañana primero de Mayo se celebra el Día de los Trabajadores. Un día muy particular en que la inactividad es casi total porque más allá del interés económico que supone todo trabajo, hay un concepto casi que unánime de la justicia de celebrar y compartir una vez al año entre quienes cotidianamente se desempeñan en el mismo lugar o la misma actividad, pero es poco o nada lo que confraternizan mientras trabajan.
Es por eso que salvo los servicios esenciales, en materia de salud y similares, el país se paraliza en este día. La particularidad con respeto a otros “días” es que no le vemos un fuerte interés comercial precisamente.
Trabajo significa ocupación útil, remunerada y benéfica tanto para quien la desempeña como para quien la encomienda y administra.
En nuestro país, como en el mundo en general hay dificultades de trabajo. Tanto los jóvenes como las personas de mediana edad tienen dificultades para hallar trabajo.
El avance de la ciencia y la tecnología en muchos casos va desplazando el trabajo humano y es uno de los riesgos que se corren cuando solo se mira el resultado económico.
Tanto es así que cuando se pretende un trabajo digno, respetable, que nos permita alcanzar un nivel de vida admisible y digno, precisamente se tropieza con dificultades cada vez mayores.
Días atrás una de las representantes de instituciones sociales que participó en el Congreso Bi nacional sobre Trata de Personas y Explotación Sexual de Menores, realizado en Salto, señalaba su desacuerdo con llamar “trabajadora sexual” a quien vende su cuerpo para lograr su sustento diario.
Tiene razón en este sentido. Esto es explotación y ninguna nación que se precie de tratar de que sus ciudadanos tengan el mejor nivel de vida posible, puede sentir orgullo de que haya personas dedicadas a esta actividad como si se tratara de algo dignificante.
Tampoco podemos sentir orgullo de que haya personas dedicadas a hurgar en los residuos o incluso a cuidar los vehículos en la vía pública.
Entiéndase bien, trabajadores somos todos, los que estamos en actividad y los que están desocupados y todos nos merecen el mayor de los respetos. Los que podemos contarnos entre quienes tenemos un trabajo digno y quienes se desempeñan en lo único que pueden tener a mano. Incluso quienes no hallan otra salida que agarrar los bolsos y lucharla contra el “cero kilo”, (lo que no incluye la “cero tonelada”) lamentablemente.
Nuestra mejor recomendación a todos y en especial a los jóvenes es que se preparen, que aprovechen el tiempo para adquirir conocimientos, una profesión, un oficio, una habilidad, porque la competencia por el trabajo seguirá siendo cada día mayor.
Dicho esto solo nos resta decirles a todos quienes trabajan y quienes se hallan desocupados: ¡Feliz día!
Alberto Rodríguez Díaz







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