De tremenda gravedad

El mundo de las comunicaciones en lo que se refiere a la información personal, está edificado en un altísimo porcentaje en un aspecto esencial: la confidencialidad. La telefonía celular, la información atesorada en la informática, está incluso celosamente regida por leyes especiales y de hecho la Justicia es reticente a proporcionar acceso a esta información a particulares, tengan o no, relación con los titulares y dueños de la misma. Lo hace cuando hay una razón debidamente probada para acceder a la misma.

En este sentido ANTEL es custodia de la mayor parte de la información confidencial de los uruguayos y de otras personas que se comunican mediante su sistema.

De la misma manera el sistema bancario guarda celosamente el secreto bancario, el que ha soportado varias “tormentas” e intentos de derribarlo, pero sigue enhiesto. Más allá de los cuestionamientos que se le formulan, algunos muy válidos, es indudable que se trata de un aspecto muy sensible en el sistema.

Se supone o suponemos todos los uruguayos que ANTEL tiene debidamente custodiado el acceso a la información, dado que cualquier demanda bien fundada sería no sólo económicamente muy costosa para la empresa estatal, sino esencialmente muy dañina para la credibilidad del sistema.TorreComunica

Si embargo el casual descubrimiento de una conexión entre un funcionario de la Dirección Nacional de Información e Inteligencia y un técnico de ANTEL ha servido para poner en alerta a todo el sistema informático de información confidencial.

El caso se registra al mismo tiempo que se ha señalado el descubrimiento de células neo nazis en el país. La Justicia ha procesado a ambas personas sin prisión, mientras según se informó se continúa la investigación tratando de llegar al fondo de la cuestión.

Más allá de las consecuencias que pudiera acarrear para los involucrados en un presunto caso de espionaje, aquí hay que tener muy claro que el mayor daño se ha hecho a la credibilidad del sistema. Por lo tanto, no es con paños tibios que se logrará reparar en alguna medida este perjuicio.

Las autoridades tienen el deber de adoptar las máximas garantías en los sistemas de información, dado que en caso contrario estaremos poniendo a disposición precisamente de presuntos enemigos de la democracia la información que en manos inapropiadas puede ser un arma letal.

Hoy más que nunca la información ha adquirido un tremendo poder y quien posee información posee poder. El desafío al secreto de estos sistemas es tratar de impedir que se transforme en una herramienta del lavado de dinero, para el caso de narcotraficantes y otros delincuentes y esto supone tener al mismo tiempo establecidas las formas en que la Justicia pueda acceder a estas comunicaciones cuando posea buenos argumentos para ello, nunca en otro caso.







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