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Dejemos de usarlos

Si vamos a meter en la cárcel a los adolescentes, hasta hoy denominados «menores infractores», si les adjudicaremos la responsabilidad de obrar como adultos, que no es otra cosa la disminución de la edad exigida para que la ley pueda meterlos en una cárcel, entonces, también adjudiquémosles derechos.
Si los consideramos lo suficientemente maduros para responder ante la ley por sus acciones, incluso ante la posibilidad de terminar en la cárcel, reconozcamos que también es justo que puedan votar, expresar su voluntad ciudadana, entre otras cosas.
De una vez por todas, dejemos de usar a la gente opinando en base a las excepciones, porque no creemos que todos los menores de edad sean como se los califica a la hora de impulsar la rebaja. Es probable que tampoco sea el ínfimo número de infractores que maneja el Ministerio del Interior, pero estamos convencidos que el número es seguramente bajo.
Darle la potestad a la policía de reprimir a los menores desde los 16 años, es un tema demasiado delicado. No sólo debemos verlo en tiempos de paz y vigencia de la democracia, como el que disfrutamos en estos momentos, sino que hay que poner también en la balanza qué pasaría si se diera una dictadura, serían muchos los adolescentes que seguramente pagarían con su vida, algunas acciones, porque serían tratados como personas mayores y sin ninguna garantía.
Por lo tanto, tengamos en cuenta también quien o quienes están pidiendo esta posibilidad.
Un plebiscito en alguna medida significará votar por ellos, para ver qué hacemos con ellos y sin darles voz y votos a ellos, precisamente.
Démosles entonces la posibilidad que ellos también opinen, no sólo en los foros de debate, sino también al momento de expresar su voluntad en las urnas, ¿o sólo los consideramos suficientemente maduros para ir a la cárcel, pero no para ejercer otros derechos de los mayores de 18 años?
Volvemos entonces al punto inicial. Es conocida nuestra posición sobre el asunto. Si pretendemos llegar a soluciones de fondo en la problemática adolescente, es necesario elevar la visión, elevarnos para tener una visión panorámica, esto es, saber mirar la perspectiva de la problemática y no quedarse con lo que hace más «ruido».
La inseguridad que va creciendo en el Uruguay seguramente que es un problema real y concreto, pero ni surgió hoy, ni es posible solucionarlo de un día para el otro.
Si lo miramos más allá de la visión política tendremos que admitir que sólo iniciando un largo proceso de medidas adecuadas y permanentes, podemos esperar una mejora en este sentido.
Alberto Rodríguez Díaz

Si vamos a meter en la cárcel a los adolescentes, hasta hoy denominados «menores infractores», si les adjudicaremos la19 5 12 044 [1]responsabilidad de obrar como adultos, que no es otra cosa la disminución de la edad exigida para que la ley pueda meterlos en una cárcel, entonces, también adjudiquémosles derechos.

Si los consideramos lo suficientemente maduros para responder ante la ley por sus acciones, incluso ante la posibilidad de terminar en la cárcel, reconozcamos que también es justo que puedan votar, expresar su voluntad ciudadana, entre otras cosas.

De una vez por todas, dejemos de usar a la gente opinando en base a las excepciones, porque no creemos que todos los menores de edad sean como se los califica a la hora de impulsar la rebaja. Es probable que tampoco sea el ínfimo número de infractores que maneja el Ministerio del Interior, pero estamos convencidos que el número es seguramente bajo.

Darle la potestad a la policía de reprimir a los menores desde los 16 años, es un tema demasiado delicado. No sólo debemos verlo en tiempos de paz y vigencia de la democracia, como el que disfrutamos en estos momentos, sino que hay que poner también en la balanza qué pasaría si se diera una dictadura, serían muchos los adolescentes que seguramente pagarían con su vida, algunas acciones, porque serían tratados como personas mayores y sin ninguna garantía.

Por lo tanto, tengamos en cuenta también quien o quienes están pidiendo esta posibilidad.

Un plebiscito en alguna medida significará votar por ellos, para ver qué hacemos con ellos y sin darles voz y votos a ellos, precisamente.

Démosles entonces la posibilidad que ellos también opinen, no sólo en los foros de debate, sino también al momento de expresar su voluntad en las urnas, ¿o sólo los consideramos suficientemente maduros para ir a la cárcel, pero no para ejercer otros derechos de los mayores de 18 años?

Volvemos entonces al punto inicial. Es conocida nuestra posición sobre el asunto. Si pretendemos llegar a soluciones de fondo en la problemática adolescente, es necesario elevar la visión, elevarnos para tener una visión panorámica, esto es, saber mirar la perspectiva de la problemática y no quedarse con lo que hace más «ruido».

La inseguridad que va creciendo en el Uruguay seguramente que es un problema real y concreto, pero ni surgió hoy, ni es posible solucionarlo de un día para el otro.

Si lo miramos más allá de la visión política tendremos que admitir que sólo iniciando un largo proceso de medidas adecuadas y permanentes, podemos esperar una mejora en este sentido.

Alberto Rodríguez Díaz