Dejemos que el nene llore…

Los problemas derivados de una mala alimentación son en principio difíciles de percibir y sobre todo de determinar su relacionamiento con la alimentación.
Es probable que la obesidad sea una de las pocas excepciones, en cuanto a que es perceptible en poco tiempo y sus consecuencias son difíciles de revertir a tiempo, sin que dejen secuelas a veces importantes en el organismo.
Sus causas pueden ser variadas e incluso por herencia genética, pero asumiendo siempre el riesgo de que cuando hablamos  de generalidades, podemos cometer errores e injusticias en casos que son excepcionales, deberíamos de preguntarnos ¿de qué proviene la obesidad? ¿Cómo se explica que haya incluso niños exageradamente obesos a corta edad?
Es que probablemente no queramos asumir la respuesta a estas interrogantes, porque sabemos que nos comprenden las generales de la ley. A poco consultemos en los locales que se dedican a organizar los cumpleaños y fiestas infantiles, comprenderemos los motivos más frecuentes que originan estos males.
Es que la alimentación es deficiente, los denominados “saladitos”, compuestos por papas, cebollas y otros elementos disecados en sal, son lo más frecuente y abundante, junto a refrescos a veces cuyos componentes ni siquiera se conocen y demás.
“Es lo que a los chicos les encanta…”, hemos oído decir y se lo tengo que dar, porque si no llora…
En estos casos nos tienta el deseo de decirles a esas madres y a esos padres: deje que el nene llore, que a la larga seguramente se lo agradecerá.
Es preferible que llore – por un capricho –, que tenga que lamentarse de adulto que sus padres no hayan sido capaces de enseñarle a alimentarse y con qué alimentarse.
No ignoramos que es difícil ir contra la corriente “lo hago en casa, pero va a una fiesta o un cumpleaños y lo que encuentra es todo lo que yo no le doy…”, nos explicaba  otra joven madre.
Seguramente que es difícil e incluso se corre el riesgo de ser señalado como “raro” porque no come o no bebe lo que comen y beben los demás. Es más, si lo hace esporádicamente no tendrá mayores consecuencias, el tema está en el hábito que asuma y en el hecho de que sepa exactamente por qué  sus padres tratan que se alimente debidamente.
Si logramos que tenga claro esto y  que comparta la posición de sus mayores, entonces habremos ganado la batalla, ese chico no será fácilmente llevado a consumir lo que no quiere, porque sabe que no debe hacerlo y comparte la necesidad de no dejarse llevar por la sencilla razón de que “todos lo hacen…”.
Esta es la cuestión.

Los problemas derivados de una mala alimentación son en principio difíciles de percibir y sobre todo de determinar su relacionamiento con la alimentación.

Es probable que la obesidad sea una de las pocas excepciones, en cuanto a que es perceptible en poco tiempo y sus consecuencias son difíciles de revertir a tiempo, sin que dejen secuelas a veces importantes en el organismo.

Sus causas pueden ser variadas e incluso por herencia genética, pero asumiendo siempre el riesgo de que cuando hablamos  de generalidades, podemos cometer errores e injusticias en casos que son excepcionales, deberíamos de preguntarnos ¿de qué proviene la obesidad? ¿Cómo se explica que haya incluso niños exageradamente obesos a corta edad?

Es que probablemente no queramos asumir la respuesta a estas interrogantes, porque sabemos que nos comprenden las generales de la ley. A poco consultemos en los locales que se dedican a organizar los cumpleaños y fiestas infantiles, comprenderemos los motivos más frecuentes que originan estos males.

Es que la alimentación es deficiente, los denominados “saladitos”, compuestos por papas, cebollas y otros elementos disecados en sal, son lo más frecuente y abundante, junto a refrescos a veces cuyos componentes ni siquiera se conocen y demás.

“Es lo que a los chicos les encanta…”, hemos oído decir y se lo tengo que dar, porque si no llora…

En estos casos nos tienta el deseo de decirles a esas madres y a esos padres: deje que el nene llore, que a la larga seguramente se lo agradecerá.

Es preferible que llore – por un capricho –, que tenga que lamentarse de adulto que sus padres no hayan sido capaces de enseñarle a alimentarse y con qué alimentarse.

No ignoramos que es difícil ir contra la corriente “lo hago en casa, pero va a una fiesta o un cumpleaños y lo que encuentra es todo lo que yo no le doy…”, nos explicaba  otra joven madre.

Seguramente que es difícil e incluso se corre el riesgo de ser señalado como “raro” porque no come o no bebe lo que comen y beben los demás. Es más, si lo hace esporádicamente no tendrá mayores consecuencias, el tema está en el hábito que asuma y en el hecho de que sepa exactamente por qué  sus padres tratan que se alimente debidamente.

Si logramos que tenga claro esto y  que comparta la posición de sus mayores, entonces habremos ganado la batalla, ese chico no será fácilmente llevado a consumir lo que no quiere, porque sabe que no debe hacerlo y comparte la necesidad de no dejarse llevar por la sencilla razón de que “todos lo hacen…”.

Esta es la cuestión.







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