Del artesano al use y tire

Proveniente de una generación en la que era habitual que en los barrios de Salto los niños anduviéramos remendados, frecuentemente descalzos y corriendo, no podemos desconocer que esta etapa tenía ventajas y desventajas, pero quizás siguiendo el hábito, añoramos aquellos días, como dice la canción “corriendo tras el andador”, algo que seguramente las nuevas generaciones ni siquiera saben de qué se trata.
Sin lugar a dudas con mayores penurias, con mayores sacrificios, pero también con un mundo de mayor y mejor naturaleza, con más y mejores aromas, con otras posibilidades.
El mundo en el que eran habitual los mimbreros, los zapateros, los colchoneros, los hojalateros, los sastres, las verdulerías con muchas y muy sabrosas frutas.
Del que hacía las cometas (pandorgas para nosotros) a mano y consiguiendo verdaderas artesanías, los relojeros capaces de reparar cualquier reloj por complicado que fuera.
Ni que hablar de la naturaleza silvestre de nuestros campos, del agua límpida de nuestros arroyos.
Aún recordamos una delegación de personas de la tercera edad, danesa, que llegó a Salto motivada por una de ellas que venía a visitar un familiar. Sus integrantes, alrededor de una veintena, se alojaron en el entonces hotel Biasetti y se manifestaron asombrados por un “fenómeno” impensable en la zona europea de donde provenían, era el de la cantidad de luciérnagas que se veía por las noches en la ciudad y de pájaros cuyo trino podía disfrutarse durante el día…. No estamos hablando de siglos atrás quizás apenas unas tres décadas.
No soñábamos con Internet y toda su “secuela”, de enormes avances en tecnología de la comunicación, de la década de la imagen desplazando a la letra, pero tampoco del riesgo de la manipulación de nuestros niños y adolescentes por las mismas redes sociales, de las rapiñas a mano armada, de los motonetistas suicidas y de los crímenes aberrantes.
Es que había códigos, había hechos como los anotados pero eran las excepciones y se los trataba como entendíamos que merecían.
Frecuentemente se nos pregunta ¿eran tiempos mejores aquellos? Para nosotros que los vivimos, aún con las penurias del caso y pudimos salir adelante, sin duda alguna que sí.
Para quienes no pudieron superarse y salir, lógicamente que no, pero hay una cosa que no podemos dejar de añorar: es la sociedad del repare y siga “tirando”, en contrapartida de esta sociedad actual del “use y tire” en la que nada se repara, se derrocha, se tira a la basura. Ojalá aprendamos rápido que hay cosas que no se pueden derrochar, porque la única exigencia de la naturaleza es precisamente que las preservemos, o viviremos en la miseria, cosa que no hemos aprendido aún.
A.R.D.







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