Del país del voluntarismo al de la dura realidad

Por estos tiempos electorales se suelen escuchar muy buenos propósitos, ideas compartidas que despiertan esperanzas y expectativa. Propuestas genéricas, de buena voluntad que a nadie molestan, sino todo lo contrario.

La cuestión es cómo se hace luego para concretar esas propuestas.

Hemos escuchado la idea de eliminar el IRPF y sustituirlo por una mayor exigencia en el Impuesto al Patrimonio. De esta manera, se piensa evitar que aporte el trabajador y obligar a hacerlo a quien más tiene.

Se escuchan propuestas tales como la erradicación total de los asentamientos, para dar a cada uruguayo una vivienda.

Así se ha prometido también acentuar y maximizar el camino de la educación y la seguridad, cosa bastante más problemática de lo que se piensa y que a lo sumo ha quedado estancada en los viejos vicios y una realidad que no es diferente a la de otros países jaqueados por los mismos problemas que hoy nos ha traído la globalización.

Los pueblos por lo general tienen poca memoria. Cinco años es suficiente tiempo como para olvidar promesas y compromisos y disimular lo que no se cumple.

Las nuevas generaciones no parecen ser más exigentes que las anteriores en este sentido.

Lo nuevo atrae, seduce, quien no tiene mayores antecedentes, ni buenos ni malos, lleva ventajas en esto, porque no debe soportar la andanada de acusaciones y de reclamos que generalmente surgen desde aquellos sectores que tienen buena memoria, que manejan mejor información y que no olvidan facilmente.

Pero la cuestión de fondo no está aquí. No se trata tanto de lo que se promete y se anuncia, se trata de saber “cómo” se piensan conseguir estos objetivos y por lo tanto el ciudadano debe analizar fríamente cada aspecto de lo que se le está proponiendo.

Quien piensa llevar a la práctica lo que anuncia debe tener ya minuciosamente previsto cómo hacerlo, de dónde sacar dinero, qué cosas cambiar, suprimir y sustituir. Si recaudará menos obviamente deberá suprimir algunos gastos, ¿cuáles?, si recaudará lo mismo o más de dónde habrá de provenir el dinero.

Es más, la realidad indica que aún cuando no se tomaran medidas de fondo, hay indicadores que son preocupantes. Sólo uno de ellos es la relación activo -pasivo en el país, la que compromete el buen funcionamiento del organismo rector de los derechos sociales en el país.

No basta con los buenos propósitos, con los anuncios, sino que necesariamente debemos conocer la forma y el camino que se nos propone para dar una respuesta seria y meditada.

Cuando no se trata nada más que de anuncios, de buena voluntad, de palabras de aliento, deberíamos saber diferenciar debidamente.

or estos tiempos electorales se suelen escuchar muy buenos propósitos, ideas compartidas que despiertan esperanzas y expectativa. Propuestas genéricas, de buena voluntad que a nadie molestan, sino todo lo contrario.
La cuestión es cómo se hace luego para concretar esas propuestas.
Hemos escuchado la idea de eliminar el IRPF y sustituirlo por una mayor exigencia en el Impuesto al Patrimonio. De esta manera, se piensa evitar que aporte el trabajador y obligar a hacerlo a quien más tiene.
Se escuchan propuestas tales como la erradicación total de los asentamientos, para dar a cada uruguayo una vivienda.
Así se ha prometido también acentuar y maximizar el camino de la educación y la seguridad, cosa bastante más problemática de lo que se piensa y que a lo sumo ha quedado estancada en los viejos vicios y una realidad que no es diferente a la de otros países jaqueados por los mismos problemas que hoy nos ha traído la globalización.
Los pueblos por lo general tienen poca memoria. Cinco años es suficiente tiempo como para olvidar promesas y compromisos y disimular lo que no se cumple.
Las nuevas generaciones no parecen ser más exigentes que las anteriores en este sentido.
Lo nuevo atrae, seduce, quien no tiene mayores antecedentes, ni buenos ni malos, lleva ventajas en esto, porque no debe soportar la andanada de acusaciones y de reclamos que generalmente surgen desde aquellos sectores que tienen buena memoria, que manejan mejor información y que no olvidan facilmente.
Pero la cuestión de fondo no está aquí. No se trata tanto de lo que se promete y se anuncia, se trata de saber “cómo” se piensan conseguir estos objetivos y por lo tanto el ciudadano debe analizar fríamente cada aspecto de lo que se le está proponiendo.
Quien piensa llevar a la práctica lo que anuncia debe tener ya minuciosamente previsto cómo hacerlo, de dónde sacar dinero, qué cosas cambiar, suprimir y sustituir. Si recaudará menos obviamente deberá suprimir algunos gastos, ¿cuáles?, si recaudará lo mismo o más de dónde habrá de provenir el dinero.
Es más, la realidad indica que aún cuando no se tomaran medidas de fondo, hay indicadores que son preocupantes. Sólo uno de ellos es la relación activo -pasivo en el país, la que compromete el buen funcionamiento del organismo rector de los derechos sociales en el país.
No basta con los buenos propósitos, con los anuncios, sino que necesariamente debemos conocer la forma y el camino que se nos propone para dar una respuesta seria y meditada.
Cuando no se trata nada más que de anuncios, de buena voluntad, de palabras de aliento, deberíamos saber diferenciar debidamente.
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