Delitos más graves y leyes más flojas no armonizan

Algunas décadas atrás una persona nos comentó el significado de “ciudad de perros chicos y ciudad de perros grandes”.
La cuestión estaba relacionada a la seguridad precisamente. En aquel momento casi cuatro décadas atrás, Salto estaba entre “las ciudades de perros chicos”, porque los canes no tenían por función primordial la seguridad, sino que eran las mascotas, no tenían por qué ser feroces y por lo tanto sólo las excepciones lo eran.
Las “ciudades de perros grandes”, eran las más peligrosas, en televisión y en el cine veíamos las mansiones cuidadas por mastines y otros perros feroces, adiestrados para atacar.
Estábamos lejos de la realidad de nuestros días. Eran tiempos en que muchas familias aún acostumbraban dejar la puerta abierta, sobre todo a la hora de la siesta.
No es precisamente la realidad que tenemos en nuestros días, donde en la enorme mayoría de los casos los perros en las fincas son guardianes, han sido adiestrados para atacar a cualquier intruso y en más de una ocasión incluso se exagera esta misión y han habido casos – felizmente excepcionales – en que estos perros terminan mordiendo y hasta a veces matando a niños o personas ancianas.
Pero todo esto viene al caso para poner de manifiesto cómo han cambiado los tiempos y cómo estamos parados frente a esta realidad.
Hoy en la mismísima zona céntrica de Salto donde existe por lo menos una docena de financieras que trabajan con dinero, han optado por hacerlo a puertas cerradas y como precaución exhortan a sus clientes a llamar a la puerta para ser atendidos.
Es que lo que antes eran solo “rateros” o descuidistas, que hurtaban esporádicamente, hoy son rapiñeros que usan armas de fuego y ni que hablar de los temibles “motochorros”, que escondidos tras sus cascos cometen las peores tropelías.
Es decir, que es evidente que el delito se ha agravado. Antes eran robos de poca monta y sin sangre, porque había “códigos” incluso entre los delincuentes.
Hoy ya nada de eso existe. Los delincuentes no osan en disparar y matar. En cambio del otro lado del mostrador la ley parece haberse ablandado de tal forma que la policía ya no puede interrogar, salvo que haya un abogado presente y como la enorme mayoría de la delincuencia no es capturada “in flagrante delito”, es muy difícil, por no decir imposible, probarle su culpabilidad.
En buen romance, la delincuencia se ha agravado notoriamente y prolifera el uso de armas de fuego y en contrapartida las leyes parecen haber aflojado tanto su responsabilidad que existe la convicción que con un simple pedido de disculpas o un “acuerdo”, aún aquellos autores de delitos quedan libres.
¡Así estamos!
A.R.D.







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