Demasiado graves para dejarlas pasar por alto

Dos acusaciones hemos oído en estos días que nos parecen demasiado graves como para dejarlas pasar por alto, esto sin la debida aclaración.
La más grave es la acusación, “atribuida a fuentes policiales” no identificadas, que habrían reconocido la existencia de “filtraciones” en los propios equipos de investigación del Ministerio del Interior.
De esta manera intentarían explicar por qué desde el primer crimen del que se acusaba a “Kiki” hubo seis allanamientos y ninguna pudo dar con nada.
Pero precisamente en esta dirección se realizó la segunda queja pública. La fiscal del caso sostuvo que en una ocasión una solicitud de allanamiento que tiene que ser dada por el juez, único autorizado a estos efectos, demoró cinco o seis horas en ser firmada…
Cualquiera de los dos hechos son graves y deben ser explicados. Si hay “filtraciones” es un delito que no puede ser tolerado, al contrario, debe ser perseguido y aclarado.
El segundo caso es un aspecto a ajustar. No hay nada que justifique que un juez omita una rápida diligencia en estos casos, cuando de ello depende el éxito o fracaso de una acción.
Siempre hemos sostenido que un policía traidor, sea por la causa que sea, debe ser tratado como tal, porque es un enemigo de quienes se juegan la vida en estas circunstancias.
Trabajar al lado de algún traidor es realmente una acción que debe ser evitada de cualquier manera.
Pero de la misma forma puede y debe encararse el rol del juez si de él depende un allanamiento, algo que obviamente no se puede autorizar con liviandad. Pero tampoco demorarlo cuando hay argumentos suficientemente serios como para autorizarlo.
Todos sabemos que tenemos muchos problemas de seguridad. Todos tenemos lecturas diferentes, pero ha llegado la hora de ponernos de acuerdo en todo aquello que representan dificultades y que a la postre pueden determinar el éxito o fracaso de la lucha contra el delito, un tema de por sí complejo, que ha sabido de diferentes formas de enfrentarlo en el mundo, pero en mayor o menor grado tiene aciertos y errores, porque nadie, ni siquiera el promocionado alcalde Giuliani en Nueva York, puede enorgullecerse de haber logrado éxito.
La cuestión pasa por dejarse de arrimar brasas para su fogón, porque en esto vamos todos, hasta el momento la delincuencia que tenemos aquí no distingue el pelo político y por lo tanto sólo juntos podemos hallar una salida en este tema.
A.R.D.







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