Democracia significa todos iguales

En las últimas horas se conoció el procesamiento con  prisión del capitán de navío de la Armada Nacional Álvaro Bacqué, director financiero Contable del Ministerio de Defensa.

Su procesamiento tiene que ver con el manejo de los vales de nafta en esa fuerza de seguridad nacional.

Al mismo tiempo la Justicia procesó a un jerarca de Inteligencia Policial, como derivación de los otros dos expedientes que indagan el sistema de compras ficticias y el uso indebido de fondos provenientes de Naciones Unidas en la Armada.

Este funcionario, que se desempeñaba como jefe de operaciones de la Dirección General de Información e Inteligencia,  había citado a su despacho a un capitán de navío para avisarle sobre la investigación judicial que se iba a realizar sobre la red de compras irregulares en la Marina.

El funcionario policial fue procesado por el delito de «revelación de secreto».

Mucho nos tememos que estos procesamientos sean sólo la punta del iceberg, de un sistema de corrupción que está enquistado a este nivel.

Como uruguayos, tenemos el temor de que la investigación se limite a cortar el hilo por lo más fino o lo que se puede observar a simple vista, cuando lo que debe hacerse es llegar hasta el fondo de la cuestión.

En reiteradas oportunidades nos hemos ocupado de este tema y sabemos que ha despertado reacciones drásticas, pero no por esto dejaremos de seguir insistiendo, porque estamos convencidos de lo que afirmamos.

Nadie que tenga un concepto genuino de democracia puede admitir que el país tenga un poder paralelo al poder político en aspectos tan delicados como es el manejo de los recursos económicos.

No es bueno para el país, ni mucho menos para la democracia que el poder militar tenga incluso recursos propios que maneja a su antojo, sin rendir cuentas a nadie, cuando esos recursos proceden del Estado, que somos todos.

No es de recibo, sostener que los recursos que aporta Naciones Unidas, por las misiones de paz, por ejemplo, son generados y obtenidos por los militares y por lo tanto deben administrarlos ellos.

Decir esto es olvidarse quien formó a los militares, quien proporcionó los medios, la infraestructura y todo lo que requiere su formación profesional. El Estado uruguayo les dio la posibilidad de prepararse y es el país, quien dispone participar o no y en qué medida en las operaciones de paz.

El militarismo debe estar debida y totalmente integrado al pueblo, que significa formar parte de él y esto no se logra unilateralmente.

Bien sabemos que dentro de las Fuerzas Armadas, como en todos los órdenes de la sociedad, hay buenos y malos funcionarios y por lo tanto, no generalizamos.

Lo que hemos sostenido siempre, que como en cualquier otra dependencia estatal, lo incorrecto, lo deshonesto, la corrupción debe ser denunciada y sometida, a las mismas leyes que rigen para los demás uruguayos.

Este es el camino a seguir.

Esto es democracia y seguiremos insistiendo.

Alberto Rodríguez Díaz.