Desarmar el “hacé la tuya”

Ayer en estas columnas nos ocupábamos del tema de la seguridad y cuando escribíamos tratábamos de ubicarnos en el dolor de los familiares del policía asesinado en Salto, de la familia del joven asesinado cuando salió a enfrentar al rapiñero que se llevaba el fruto del trabajo y el esfuerzo del comercio de su madre. Pero también pensábamos en la mujer asesinada aquí por su ex pareja, a la que había denunciado y la Justicia le adjudicó protección por amenazas. En ese joven que apareció acuchillado en barrio Malvasio y falleció poco después…
En el niño que recibió un balazo en el corazón y felizmente pudo superar el trance en la Capital….
Para unos son casos de delincuencia, como la rapiña en Ceibal, o el enfrentamiento a balazos en Montevideo. Pero todos estos hechos tienen un común denominador: la violencia que nos ha ganado en toda la sociedad. Violencia que tiene una filosofía común ¨Hacé la tuya¨. Hoy ya no importa si para “hacer” esto hay que balear o matar a mansalva, porque en realidad “la tuya” no es tuya, es de otro y como su dueño no acpetará entregármela, se la tengo que quitar, rapiñándolo, arrebatándolo o estafándolo, no importa cómo. Esta filosofía que comenzó como algo inocente, está directa o indirectamente detrás de todo esto.
Violencia que se manifiesta en el fútbol, en el tránsito, en las relaciones familiares y hasta en los lugares comunes, cuando hay que compartir porque así lo indica la convivencia.
Nada justifica la violencia y deberíamos asumir que existen leyes, ordenanzas y hasta normas que regulan y organizan una sociedad.
Lo que antes se arreglaba con el retiro del hogar de alguien infiel o demasiado desprolijo, hoy frecuentemente se arregla a balazos.
Los líos del fútbol que antes se arreglaban con insultos recíprocos que eran acallados por gente más razonable o incluso las reacciones violentas que siempre encontraban “apartadores” más sensatos, hoy se transformaron en cánticos obsenos, en reacciones de barras bravas, donde precisamente la ley que impera es la violencia extrema.
Las hinchadas que antes compartían tribunas hoy están rigurosamente separadas incluso para ingresar o retirarse de los estadios. Es que también en estas circunstancias ha habido hechos lamentables con un costo de vidas humanas.
Y esto ha tenido un proceso del que todos somos parte. Más allá de los cambios que produce la tecnología y la ciencia mismo, hay medidas, hay acciones, hay leyes que han sido al menos permisivas fomentando el camino de la violencia.
Lamentablemente hoy cuesta mucho más sonreír que insultar o reaccionar con dureza y esto es lo que no podemos permitir.
Conviene analizar los hechos a fondo y ver en que nos equivocamos como sociedad para no seguir cometiendo los mismos errores, porque todavía hay esperanza de recuperar lo perdido…
A.R.D.







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