Desde hoy sin el “ruido” electoral

Desde hoy no se tendría que escuchar una sola propaganda electoral más. Decimos “se tendría”, porque de no ser así, no sería tampoco la primera vez que se viola, a veces “groseramente” la veda electoral y luego no hay sanción, a lo sumo una tibia “amonestación” para los infractores.
Es que la ley si bien establece la “veda” de propaganda, aparentemente no está muy claramente establecida cuales son las sanciones a las que se hacen pasible quienes no la respeten.
En definitiva, una ley que no reglamente las sanciones, que no establezca claramente cual es el castigo, no es ley, no sirve, no pasa de una norma de cumplimiento voluntario.
Esta es la cuestión.
Creemos que los motivos que llevaron a establecer la veda de propaganda son perfectamente entendibles. Si bien en estos años ya las “batallas” de propaganda son cosa del pasado, aún existe sobre todo por la televisión y la propaganda callejera, una publicidad muy intensa.
La 72 horas de veda (incluye el domingo hasta concluir el acto eleccionario) han sido acordadas en su momento como forma de establecer un período de reflexión, de serenidad para que la ciudad medite tranquilamente antes de emitir su sufragio.
Es de señalar que esta ley fue adoptada antes de que se conociera Internet y por lo tanto, la propaganda que se hace por esta vía y por todos los medios que componen las denominadas redes sociales que han hecho irrupción recientemente, escapan a lo establecido por aquellos años y por lo tanto aunque se quisiera, difícilmente se podría llegar a evitar este alcance.
No es por otra parte –a nuestro entender – una forma particularmente agresiva a la norma, dado que aún considerando la expansión de Internet, no es de los medios masivos más al alcance de todos y además se trata de medios escritos, casi reservados para quienes se interesan en leer, releer o repensar su voto antes de emitirlo.
De todas formas, por nuestra parte, compartimos plenamente el “espíritu”  de esta norma. Y por lo tanto más allá de que haya o no sanción para los incumplidores, somos de los que preferimos acatar las disposición correspondientes, entendiendo que es bueno para la ciudadanía y por lo tanto es bueno para el país.