Detener la caída a tiempo

Alguien nos ha hecho ver que el “bloqueo” de los celulares no es la medida adecuada para impedir que desde la cárcel se ordenen determinadas acciones delictivas.

En primer lugar porque de no contarse con un celular habilitado, la misma orden podría darse a través de un familiar o cualquier otro amigo que conociera al “ideólogo” del hecho.
De la misma fuente recibimos otro apunte y es que llama poderosamente la atención el hecho de que un cabecilla narcotraficante “pesado” como es el que actuó en el caso que nos ha ocupado, no haya elegido para trasmitir su orden un sistema encriptado que también lo hay y en el que lo que se trasmite a través de él solo es conocido por el remitente y el receptor, pues el sistema impide que sean entendible por cualquier otra persona que acceda al mismo.
Para poder acceder al contenido del mismo es necesario contar con una orden judicial y se vuelve tremendamente complejo autorizar la escucha, en buena medida porque violar la privacidad del sistema significa en alguna medida dejarlo sin efecto.
Es lo que pretendimos exponer. No se solucionará la inseguridad mediante la ley del talión, por la sencilla razón de que entendemos que el alcance de estas acciones tiene su origen mucho más allá de lo que se ve.
Mientras existan medidas y decisiones que de alguna manera alienten estas acciones seguiremos viendo y asistiendo a las acciones como las que nos ocupan.
Es que habrá delincuentes que sigan ocupando espacios que hallan cedidos por quienes procuramos obrar bien, manejarnos de acuerdo a la ley, pero muchas veces la corrupción que campea nos hace la cuestión difícil.
Desde luego que entendemos que la solución real y valedera sólo puede llegar a través de la educación y de medidas sociales, que no sólo indiquen el camino correcto sino que proporcionen las medidas imprescindibles para recorrerlo. Es la única forma de intentar erradicar estas acciones, cuando se tenga la convicción de que no se debe tolerar y además que toda personas honesta, policía, periodista o simple ciudadano, tiene la obligación de comprometerse con la verdad y de aportar al esclarecimiento de estos hechos aberrantes.
Aquí existe un alto grado de corrupción. La misma corrupción que ha carcomido los cimientos de la sociedad en otros lugares del mundo. Es que mientras no tengamos claro que el dinero no es todo, ni justifica cualquier cosa, estaremos en riesgo de manos criminales que continuarán avanzando hacia sus objetivos.
Ojalá sepamos detener esto a tiempo.

A.R.D.