Dialogar no es imponer…

Estamos viviendo el período más candente del relacionamiento entre el gobierno nacional y los trabajadores. No sólo en este gobierno, sino en todos los períodos que conocimos el tiempo de presentación del presupuesto quinquenal ante el Parlamento Nacional está signado por la mayor tensión, dado que es el momento crucial para que los gremios puedan lograr la satisfacción de las reivindicaciones.
Es obvio entonces que sea éste el tiempo en que se trate de doblarle la mano al gobierno porque es ahora cuando se tiene mayor poder de presión.
Pero lo lamentable de esto, es ver cómo se cae en radicalismos, tanto de uno como de otro lado.
Los gremios minimizando las consecuencias de un paro por tiempo indeterminado y el gobierno nacional tratando de imponer, en lugar de dialogar, dialogar y explicar, haciendo el máximo esfuerzo por convencer.
En ambos casos y teniendo en cuenta que todo indica que en este tema la opinión pública está dividida casi exactamente en el mismo porcentaje entre quienes rechazan la esencialidad impuesta por el gobierno, como en quienes comparten la medida, lo aconsejable es apostar al diálogo.
Seguramente que hay cicatrices y heridas abiertas de períodos anteriores, que también pesan en esto. Los trabajadores saben que deben llegar al límite de lo factible de lograr, porque este es el momento de intentarlo.
El gobierno por su parte, si es responsable, si pretende cumplir sus compromisos, no puede correr aventuras que comprometan su cumplimiento luego.
Fácil sería endeudarse cada vez más, decir que sí y conceder abiertamente. Pero sería totalmente irresponsable. El endeudamiento de un gobierno recae sobre el pueblo, uruguayo o salteño o de cualquier parte y por lo tanto al menos para mí es inadmisible, porque se está comprometiendo a las futuras generaciones.
Sostener “alegremente” que el que está ahora es el responsable y tiene que pagar, que pague y “ya está”, es de una irresponsabilidad increíble.
Gobernar no es decir a todo y a todos que sí, porque no se puede olvidar jamás que se está administrando el dinero del pueblo.
No es lo que pretendemos de un gobierno responsable, comprometido con todos sus coterráneos y no sólo con su entorno, porque esto es amiguismo, es premiar a quien piensa ideológicamente parecido al menos y no es de recibo hacerlo cuando el dinero es del pueblo, de todo el pueblo, y no sólo de algunos, como a veces se cree.
Alberto Rodríguez Díaz







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