Diecisiete años después: el horror que no se olvida

Todavía tenemos fresca en nuestra mente la imagen de las torres gemelas cayéndose tras el impacto de grandes aviones. Era el caos, una catástrofe que nadie podía saber en esos momentos cuáles serían sus consecuencias, en qué terminaría, ni cómo, ni cuándo.
Ha sido el más grande atentado terrorista de todos los tiempos al mundo occidental.
Aún recordamos cuando “El Observador” del día siguiente usó un título que para nosotros fue el más acertado, tanto es así que hasta el día de hoy lo recordamos. “Nada será igual”, fue lo sentenciado por el matutino de la Capital en esta oportunidad, acompañando a una de las fotos que ilustraban la magnitud de la catástrofe.
Y vaya si fue acertado. No sólo para las más de cinco mil víctimas directas y todos sus familiares, sino para el mundo occidental todo, porque a partir de allí las consecuencias se pudieron palpar no sólo en materia de represión del terrorismo, sino esencialmente en los controles y las dificultades que se añadieron para todos los emigrantes que aspiraban a radicarse en países del occidente.
Pero aquel 11 de setiembre del 2001 no fue un atentado más, tampoco fue sólo el más grande, sino que fundamentalmente fue el más demencial de todos. Una acción que sólo resulta comparable con los ataques con armas químicas y las matanzas a mansalva, en las que no importan quiénes son las víctimas ni de qué lado pueden haber estado. Sencillamente lo que importa es graficar el terror, la peligrosidad de los atacantes que pretenden mediante el miedo imponer sus intereses.
Lamentablemente la humanidad no ha aprendido nada. Los intereses mezquinos, las ambiciones desmedidas y las injusticias siguen manejándose como prioridades en cualquier conflicto.
No hay derecho alguno que justifique las agresiones y los ataques que muestran hoy las guerras que se llevan adelante, en algunos casos estas guerras parecen eternas. Llevan registrándose varias décadas, casi un siglo en algunos casos y la paz no parece siquiera vislumbrarse.
Nadie en su sano juicio podría justificar la demencia de los ataques del aquel 11 de setiembre, pero tampoco puede juzgarse o condenarse a simple vista haciendo caso omiso de otros elementos que también inciden en el tema.
La inequidad existe, las ambiciones desmedidas y las injusticias también y a poco profundicemos en estos temas habremos de descubrir que nada es en blanco y negro, como nos han enseñado.
A.R.D.







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