Diferentes, pero muy relacionados

Uno de los mayores problemas que tiene Uruguay, es la politización de los temas de mayor preocupación en la población.
El incipiente movimiento de “Vecinos en alerta”, que encontramos en varias partes de la ciudad merece un mayor apoyo, merece adiestramiento para tener muy claros sus derechos antes que los derechos humanos de quienes llenan las prisiones del país.
Es que tal como lo han indicado expertos en el tema de seguridad, participantes en un simposio. Uno de los mayores problemas del Uruguay y de otras naciones es confundir la ideología y la política con la seguridad.
Son temas relacionados, pero que no deben mezclarse. Si se trata de personas de buena voluntad, sean cuales sean sus ideas políticas, la postura frente a la delincuencia debe ser la misma: tolerancia cero.
Politizar la seguridad es intentar un atajo. Es valerse del tema más preocupante en la población para incidir en su voluntad. Creer que un partido que ha estado ya en el poder tiene la “fórmula” para recuperar la seguridad, es de ingenuos. Si volviera al poder seguramente pronto admitirá su impotencia frente al tema.
Es que la delincuencia en todos lados usa la misma política. Se escuda en las familias más desvalidas, más temerosas para que indirectamente, aún sin inmiscuirse en el tema juegue a su favor, ya sea dejando el terreno libre por aquello de “no te metás” o directamente interponiéndose ante el poder público con sus niños, ancianos y mujeres para volcar la opinión pública a su favor.
En esto no hay otro camino que asumir la responsabilidad que nos cabe a todos. Unos reprimiendo directamente y esto supone arriesgar la vida frente a los criminales y otros contribuyendo a denunciar todo lo que vemos en todos los aspectos irregulares.
Creer que no estamos involucrados en el tema, encerrarnos, alejarnos de los paseos públicos pensando que estaremos alejados del peligro es un error. Si bien hoy no somos el blanco de estos delincuentes, seguramente apenas se les cierren otros caminos vendrán por nosotros. Si no es la actual generación o nuestros vecinos, serán sus sucesores o sus compinches llegados de otros lugares y cobijados por ellos.
Esto es al menos lo que sucedido en todos lados y no hay ningún motivo para pensar que aquí será diferente. Es más, pensar que esto no tiene riesgo es pensar erróneamente porque seguro que alguna víctima habrá que lamentar, pero es preferible arriesgarnos y vivir de pie, antes que arrodillarnos y humillarnos frente a estos malvivientes.
Alberto Rodríguez Díaz.







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