Dios no tiene color político

Por estos días ha ocupado el centro de la polémica en el país el video de la senadora Verónica Alonso, participando en un oficio religioso de diferentes iglesias apostólicas (evangélicas) e incluso de una judía, dirigiendo un mensaje e invocando a Dios que “tiene un plan para el país” (¿?), afirmó en su alocución ante los fieles de una de las iglesias visitadas.
Por estos días se ha hecho más frecuente la vinculación de la religión con la política y como en el caso que nos ocupa “involucrar” a Dios con una opción política determinada es a nuestro entender un error.
Uno de los mayores aciertos del país democrático y laico, como es el Uruguay ha sido no involucrar a la religión con la política.
De hecho, la Iglesia Católica – que sigue siendo la que más fieles aglutina – cobija a todos los cristianos, cualquiera sea su ideología. Siempre ha sido así y ha habido líderes católicos que en forma personal han afiliado y participado en diferentes ideologías, pero la Iglesia como tal nunca se pronunció específicamente por ninguna opción partidaria.
Esto es lo que entendemos acertado, por el hecho de que Dios no tiene filiación política y si bien la cuarta parte de la población uruguaya se sigue considerando “creyente” pero no practicante, pretender captar adhesiones por convicciones personales es a nuestro criterio un error evidente. Cuando se hace referencia a Dios como partidario de determinados valores o determinadas ideas, se está negando las convicciones de quienes tienen otra orientación política y para nosotros una cosa nada tiene que ver con la otra.
Que los políticos pregonen determinados valores, como la honestidad, la transparencia, la justicia, la equidad, es para nosotros un verdadero acierto, como lo es también el manifestarse abiertamente por la vida desde el vientre de la madre.
Ahora bien, pretender usar esto para “condenar” a los demás es errado. La cuestión está en demostrar y asumir los aciertos de cada opción, pero no en descalificar a los demás, porque si la posición que defiendo y de la que estoy convencido, es la acertada, seguramente que hay formas de explicarla para que sea convincente.
Lamentamos por la senadora, pero es imposible dejar de vincular sus actitudes y su insólita participación en los estrados de los templos evangélicos (a pesar de su confesa adhesión a la fe judía) del “fenómeno” Bolsonaro en Brasil que llegó a la presidencia de Brasil recibiendo un gran caudal electoral de las iglesias evangélicas precisamente.
A.R.D.