Doloroso, pero correcto

El Banco de Previsión Social está notificando a un importante número de personas que tienen a su cargo menores beneficiarios de Asignaciones Familiares, que ha constatado omisión en las obligaciones exigidas para acceder a dicho beneficio y por lo tanto suspende el pago de las Asignaciones a partir de este mes.
Al mismo tiempo se establece la forma de evitar dicha suspensión o lograr su recuperación, que consiste en presentar el certificado de estudios correspondiente.
Convengamos que el beneficio de las Asiganciones Familiares resulta importante para las familias de escasos recursos y seguramente su suspensión acarreará dificultades. Pero también debe asumirse que enviar los niños a la escuela para cumplir con un deber ineludible y lo que es más importante, un derecho inalienable del niño, es lo menos que pueden hacer las personas responsables de ellos.
Recordamos que décadas atrás la presentación del certificado escolar, que debían firmar los maestros y sellar el centro escolar era ineludible y los padres sabían muy bien que sin cumplir con este requisito quedaban afuera del sistema.
Si hoy se está notificando a mucha gente que no ha cumplido con esta exigencia, significa que de alguna manera también se bajó los brazos en cuanto a exigir la presentación de dicho certificado y hay parte de culpa del propio sistema.
Uno de los reproches más escuchados a los planes sociales que mantiene el gobierno nacional es precisamente el que no tenga debidamente establecidas las contrapartidas que se entiende deben exigirse a los beneficiados.
En esto hay que entender que hay varios niveles de exigencia, pero hay una que no admite excusa alguna para su incumplimiento y es precisamente la obligación de enviar los niños a la escuela o el liceo.
No dudamos que pueden haber dificultades puntuales, pero son los casos que requieren un seguimiento personalizado para que no claudiquen precisamente frustrando al niño y privándolo de uno de sus derechos esenciales, como es el de educarse.
Es probable que a otros niveles haya contrapartidas que no son tan fáciles de establecer y menos de cumplir y también deberían de seguirse puntualmente para que cada quien aporte y se comprometa en la medida de sus posibilidades.
No es el caso de lo que exige el BPS para acceder a las Asignaciones Familiares, porque en este tema, salvo aquellos casos puntuales, que responden a enfermedades u otros problemas críticos, no se deben admitir incumplimiento.

El Banco de Previsión Social está notificando a un importante número de personas que tienen a su cargo menores beneficiarios de Asignaciones Familiares, que ha constatado omisión en las obligaciones exigidas para acceder a dicho beneficio y por lo tanto suspende el pago de las Asignaciones a partir de este mes.

Al mismo tiempo se establece la forma de evitar dicha suspensión o lograr su recuperación, que consiste en presentar el certificado de estudios correspondiente.

Convengamos que el beneficio de las Asiganciones Familiares resulta importante para las familias de escasos recursos y seguramente su suspensión acarreará dificultades. Pero también debe asumirse que enviar los niños a la escuela para cumplir con un deber ineludible y lo que es más importante, un derecho inalienable del niño, es lo menos que pueden hacer las personas responsables de ellos.

Recordamos que décadas atrás la presentación del certificado escolar, que debían firmar los maestros y sellar el centro escolar era ineludible y los padres sabían muy bien que sin cumplir con este requisito quedaban afuera del sistema.

Si hoy se está notificando a mucha gente que no ha cumplido con esta exigencia, significa que de alguna manera también se bajó los brazos en cuanto a exigir la presentación de dicho certificado y hay parte de culpa del propio sistema.

Uno de los reproches más escuchados a los planes sociales que mantiene el gobierno nacional es precisamente el que no tenga debidamente establecidas las contrapartidas que se entiende deben exigirse a los beneficiados.

En esto hay que entender que hay varios niveles de exigencia, pero hay una que no admite excusa alguna para su incumplimiento y es precisamente la obligación de enviar los niños a la escuela o el liceo.

No dudamos que pueden haber dificultades puntuales, pero son los casos que requieren un seguimiento personalizado para que no claudiquen precisamente frustrando al niño y privándolo de uno de sus derechos esenciales, como es el de educarse.

Es probable que a otros niveles haya contrapartidas que no son tan fáciles de establecer y menos de cumplir y también deberían de seguirse puntualmente para que cada quien aporte y se comprometa en la medida de sus posibilidades.

No es el caso de lo que exige el BPS para acceder a las Asignaciones Familiares, porque en este tema, salvo aquellos casos puntuales, que responden a enfermedades u otros problemas críticos, no se deben admitir incumplimiento.







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