Doña Catalina: alguien que ningún salteño debe desconocer

Seguramente son pocos los adolescentes y jóvenes salteños que saben hoy quién fue Doña Catalina Harriague de Castaños y menos idea pueden tener de por qué el 3 de abril de 1964, fue su sepelio acompañado por la mayor cantidad de gente que se recuerde en décadas. Doña Catalina, ya octogenaria había fallecido el día anterior y el pueblo salteño de todas las clases sociales expresó una profunda congoja por su fallecimiento.
Es que a esta benemérita dama los salteños le debemos mucho, muchísimo diría. Para enumerar solo algunas de sus contribuciones, recordamos que de su peculio, pagó la construcción de la Escuela Industrial de Salto, que luego pasó a ser parte de la Universidad del Trabajo del Uruguay.
Pero también a su aporte se debió la construcción del edificio del colegio y liceo Nuestra Señora del Carmen (de la congregación salesiana) y la edificación del colegio María Auxiliadora, de la misma congregación.
Una parte importante del edificio hospitalario de aquellos años también se logró merced al aporte de Doña Catalina, una dama que se mostró siempre preocupada por las clases más necesitadas, disfrutando además de las acciones tendientes a ayudar a todo aquel desposeído de bienes económicos.
Se recuerda que el aporte a la Escuela Industrial que lleva su nombre, ha sido hasta la fecha la mayor inversión efectuada en este centro docente, pues no solo se trató de la construcción edilicia, sino también del equipamiento para los talleres de tornería, carpintería y mecánica, entre otros.
Hija de Don Pascual Harriague y sobrina de Don Juan Harriague, dos hermanos que marcaron una impronta en la historia de esta comunidad, Doña Catalina y sus hermanas donaron al entonces municipio de Salto, el predio en el que hoy se levanta el “Parque Harriague”, recostado precisamente a la avenida Juan Harriague.
Hoy cuando, se ha llegado a la conclusión que la creación de la Universidad Tecnológica, como segunda etapa de la enseñanza de oficios y otras carreras a los jóvenes uruguayos, nada mejor que recordar la contribución de Doña Catalina, de la que se han beneficiado directamente miles de jóvenes salteños -muchos de ellos posteriormente ingresaron a ejercer en la represa de Salto Grande – e indirectamente toda la comunidad que ha tenido y tiene de esta forma la posibilidad de dar a muchos jóvenes la posibilidad de formarse, en un oficio y encarar la vida con un trabajo digno, posibilidad que de otra manera difícilmente tendrían.
Nunca mejor que en este caso, tiene vigencia aquello de que “sus obras hablan por ella” y en Doña Catalina dicen claramente de su aporte, su generosidad y su sensibilidad para con sus semejantes.

Seguramente son pocos los adolescentes y jóvenes salteños que saben hoy quién fue Doña Catalina Harriague de Castaños y menos idea pueden tener de por qué el 3 de abril de 1964, fue su sepelio acompañado por la mayor cantidad de gente que se recuerde en décadas. Doña Catalina, ya octogenaria había fallecido el día anterior y el pueblo salteño de todas las clases sociales expresó una profunda congoja por su fallecimiento.

Es que a esta benemérita dama los salteños le debemos mucho, muchísimo diría. Para enumerar solo algunas de sus contribuciones, recordamos que de su peculio, pagó la construcción de la Escuela Industrial de Salto, que luego pasó a ser parte de la Universidad del Trabajo del Uruguay.

Pero también a su aporte se debió la construcción del edificio del colegio y liceo Nuestra Señora del Carmen (de la congregación salesiana) y la edificación del colegio María Auxiliadora, de la misma congregación.

Una parte importante del edificio hospitalario de aquellos años también se logró merced al aporte de Doña Catalina, una dama que se mostró siempre preocupada por las clases más necesitadas, disfrutando además de las acciones tendientes a ayudar a todo aquel desposeído de bienes económicos.

Se recuerda que el aporte a la Escuela Industrial que lleva su nombre, ha sido hasta la fecha la mayor inversión efectuada en este centro docente, pues no solo se trató de la construcción edilicia, sino también del equipamiento para los talleres de tornería, carpintería y mecánica, entre otros.

Hija de Don Pascual Harriague y sobrina de Don Juan Harriague, dos hermanos que marcaron una impronta en la historia de esta comunidad, Doña Catalina y sus hermanas donaron al entonces municipio de Salto, el predio en el que hoy se levanta el “Parque Harriague”, recostado precisamente a la avenida Juan Harriague.

Hoy cuando, se ha llegado a la conclusión que la creación de la Universidad Tecnológica, como segunda etapa de la enseñanza de oficios y otras carreras a los jóvenes uruguayos, nada mejor que recordar la contribución de Doña Catalina, de la que se han beneficiado directamente miles de jóvenes salteños -muchos de ellos posteriormente ingresaron a ejercer en la represa de Salto Grande – e indirectamente toda la comunidad que ha tenido y tiene de esta forma la posibilidad de dar a muchos jóvenes la posibilidad de formarse, en un oficio y encarar la vida con un trabajo digno, posibilidad que de otra manera difícilmente tendrían.

Nunca mejor que en este caso, tiene vigencia aquello de que “sus obras hablan por ella” y en Doña Catalina dicen claramente de su aporte, su generosidad y su sensibilidad para con sus semejantes.







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