Dos plagas que importa combatir

Entre las inquietudes planteadas por representantes de las gremiales que integran la Federación Rural del Uruguay, se incluyeron dos preocupaciones específicas:

Por una parte, la seguridad rural y el abigeato, destacando como positivo el hecho de que “se haya vuelto a convocar la Comisión Honoraria para la Seguridad Rural y esperamos que a través de la actuación de la misma se consigan resultados positivos en la lucha contra este flagelo”..

Al mismo tiempo , se señala la preocupación referida al avance de algunas plagas y malezas “hay preocupación de las federadas por diferentes malezas y plagas donde los controles a realizar amparados en las normas vigentes no se cumplen. (Abrojo, cepa, capin anoni, cotorra, paloma, jabalí y carancho)”.

En cuanto al primero de los puntos mencionados, cabe señalar que el panorama es el mismo en todo el territorio nacional. Los robos y daños producidos por la delincuencia son similares y producen grandes daños a la  producción, sobre todo de los pequeños y medianos productores que tienen menores posibilidades de implementar medidas de seguridad.

Tanto  es así que difícilmente pueden verse ya animales criados en los alrededores de las poblaciones, debido a que la sangría por estas acciones son permanentes.

En este sentido, gran parte de las posibilidades de enfrentar con éxito a estos delitos dependen del Estado y de un efectivo control por parte de los organismos que tienen esta labor por cometido.

Más fácil de enfrentar, aunque quizás tan dañino como el problema anterior. Resulta la acción de las plagas, sobre todo del tipo de malezas invasoras que malogran tierra fértiles y especies de la flora nativa, beneficiosas para la producción agropecuaria.

No hay que ir muy lejos de la ciudad para comprobar este problema. Desde la Costanera Norte, un poco más allá del club de Polo ya se tiene idea de lo que hablamos. La maleza existente da una imagen lamentable compromete las posibilidades de sembrar  y posiblemente de aprovechar esas tierras para fines productivos.

Ni que hablar si recorremos los alrededores del parque indígena.

Pero aún cuando no fuera esta la posibilidad, el sólo hecho de la imagen de descuido y abandono que ofrecen estos campos es lamentable. No condice con la ciudad ordenada y atractiva que se pretende ofrecer a quienes visitan Salto.

Cuando se trata de predios privados debería de fiscalizarse y exigirse el cumplimiento de las normas en la materia, pero cuando son tierras municipales o estatales, la responsabilidad es aún mayor, porque el ejemplo debiera empezar por casa.

 







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