Drogas: entre lo ideal, y lo factible

La Organización de Estados Americanos (OEA) en su Informe sobre el Problema de las Drogas en la región, ha hecho pública su posición que recomienda despenalizar el consumo de drogas en el continente como base de cualquier estrategia de salud pública.
Sostiene el informe de OEA que:
* En América se encuentra el 45% del total de consumidores de cocaína del mundo, la mitad de los de heroína y una cuarta parte de los de marihuana.
* Se ha incrementado el consumo de pasta base de cocaína, crack, inhalables, de drogas sintéticas y el uso indebido de fármacos.
* El consumo de drogas prohibidas genera un negocio ilícito que mueve 151.000 millones de dólares solo en mercados de venta al por menor.
* Las drogas mueven 84.000 millones de dólares al año en el mundo, de los cuales, 34.000 millones se concentran en EE UU.
El estudio plantea varios escenarios que reflejan la potencial evolución de este problema en el caso de que se optara por la legalización de determinadas sustancias, se pusiera el énfasis en la prevención, se mantuviera la preeminencia de la seguridad, pero incluyendo un refuerzo de las instituciones judiciales, o cada Estado optara por aplicar de manera individual la estrategia más conveniente a sus particularidades nacionales.
Tal vez el problema es que definimos de manera distinta el problema de las drogas y por lo tanto queremos actuar de manera diversa, y esto es un intento de busca de síntesis y sinergia para poder avanzar”, ha explicado Insulza, secretario general de la OEA. Hasta ahora, en América, el problema de las drogas había sido tratado principalmente desde el ángulo de la seguridad antes que como un problema de salud pública. El informe de la OEA aboga por abordar el problema del consumo desde esta última perspectiva, en lugar de poner el énfasis en la penalización y en la represión del adicto. “El cambio fundamental en esta materia radica en la consideración del usuario como una víctima, un adicto crónico, y no como un delincuente o un cómplice del narcotráfico”, se indica en el estudio. “La despenalización del consumo de drogas debe ser considerada en la base de cualquier estrategia de salud pública”. Las políticas que defiende la OEA al respecto, que pasan por una reducción de las penas por consumo, la preferencia de la rehabilitación y tribunales específicos para este tipo de delitos van en sintonía con la estrategia antidroga que la Administración Obama viene impulsando desde 2010.
Uruguay se encuentra en plena campaña de debate de este tema, al que hoy todavía se lo mira y enfoca parcialmente. La experiencia internacional muestra que no es un debate cerrado y nadie tiene una solución definitiva en la temática.
Nuestros lectores conocen nuestra posicion: NO a las drogas. Entendemos que el sólo hecho de permitir el consumo de las drogas ya es perjudicial para la formación de nuestros jóvenes. Pero esta posición, que apunta a la salida ideal, no nos enceguece para darnos cuenta que lamentablemente hoy no es factible y por lo tanto hay que buscar otros caminos recomendables, aunque sabiendo que no serán los ideales, como puede ser la despenalización del consumo y la regulación de la venta, de las menos nocivas por parte del Estado.
Así está planteada la cuestión.

La Organización de Estados Americanos (OEA) en su Informe sobre el Problema de las Drogas en la región, ha hecho pública su posición que recomienda despenalizar el consumo de drogas en el continente como base de cualquier estrategia de salud pública.

Sostiene el informe de OEA que:

* En América se encuentra el 45% del total de consumidores de cocaína del mundo, la mitad de los de heroína y una cuarta parte de los de marihuana.

* Se ha incrementado el consumo de pasta base de cocaína, crack, inhalables, de drogas sintéticas y el uso indebido de fármacos.

* El consumo de drogas prohibidas genera un negocio ilícito que mueve 151.000 millones de dólares solo en mercados de venta al por menor.

* Las drogas mueven 84.000 millones de dólares al año en el mundo, de los cuales, 34.000 millones se concentran en EE UU.

El estudio plantea varios escenarios que reflejan la potencial evolución de este problema en el caso de que se optara por la legalización de determinadas sustancias, se pusiera el énfasis en la prevención, se mantuviera la preeminencia de la seguridad, pero incluyendo un refuerzo de las instituciones judiciales, o cada Estado optara por aplicar de manera individual la estrategia más conveniente a sus particularidades nacionales.

Tal vez el problema es que definimos de manera distinta el problema de las drogas y por lo tanto queremos actuar de manera diversa, y esto es un intento de busca de síntesis y sinergia para poder avanzar”, ha explicado Insulza, secretario general de la OEA. Hasta ahora, en América, el problema de las drogas había sido tratado principalmente desde el ángulo de la seguridad antes que como un problema de salud pública. El informe de la OEA aboga por abordar el problema del consumo desde esta última perspectiva, en lugar de poner el énfasis en la penalización y en la represión del adicto. “El cambio fundamental en esta materia radica en la consideración del usuario como una víctima, un adicto crónico, y no como un delincuente o un cómplice del narcotráfico”, se indica en el estudio. “La despenalización del consumo de drogas debe ser considerada en la base de cualquier estrategia de salud pública”. Las políticas que defiende la OEA al respecto, que pasan por una reducción de las penas por consumo, la preferencia de la rehabilitación y tribunales específicos para este tipo de delitos van en sintonía con la estrategia antidroga que la Administración Obama viene impulsando desde 2010.

Uruguay se encuentra en plena campaña de debate de este tema, al que hoy todavía se lo mira y enfoca parcialmente. La experiencia internacional muestra que no es un debate cerrado y nadie tiene una solución definitiva en la temática.

Nuestros lectores conocen nuestra posicion: NO a las drogas. Entendemos que el sólo hecho de permitir el consumo de las drogas ya es perjudicial para la formación de nuestros jóvenes. Pero esta posición, que apunta a la salida ideal, no nos enceguece para darnos cuenta que lamentablemente hoy no es factible y por lo tanto hay que buscar otros caminos recomendables, aunque sabiendo que no serán los ideales, como puede ser la despenalización del consumo y la regulación de la venta, de las menos nocivas por parte del Estado.

Así está planteada la cuestión.







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