Educar si, pero ¿sobre qué bases?

América latina y El Caribe viven una particular y delicada emergencia educativa.
En efecto, las nuevas reformas educacionales de nuestro continente, impulsadas para adaptarse a las nuevas exigencias que se van creando con el cambio global, aparecen centradas prevalentemente en la adquisición de conocimientos y habilidades y denotan un claro reduccionismo antropológico, ya que conciben la educación preponderantemente en función de la producción, la competitividad y el mercado.
Por otra parte, con frecuencia propician la inclusión de factores contrarios a la vida, a la familia, y a una sana sexualidad.
De esta forma, no despliegan los mejores valores de los jóvenes ni su espíritu religioso, tampoco les enseñan los caminos para superar la violencia y acercarse a la felicidad, ni les ayudan a llevar una vida sobria y adquirir aquellas actitudes, virtudes y costumbres que harán estable el hogar que funden, y que les convertirán en constructores solidarios de la paz y del futuro de la sociedad.
El concepto precedente fue tomado del documento conclusivo de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, realizado en Aparecida, Brasil, en mayo del 2007 y hoy lo recordamos porque entendemos que mantiene plena vigencia y se redondea con la reflexión consiguiente.
“Ante esta situación, fortaleciendo la estrecha colaboración con los padres de familia y pensando en una educación de calidad a la que tienen derecho, sin distinción, todos los alumnos y alumnas de nuestros pueblos, es necesario insistir en el auténtico fin de toda escuela. Ella está llamada a transformarse, ante todo, en lugar privilegiado de formación y promoción integral, mediante la asimilación sistemática y crítica de la cultura, cosa que logra mediante un encuentro vivo y vital con el patrimonio cultural.
Esto supone que tal encuentro se realice en la escuela en forma de elaboración, es decir, confrontando e insertando los valores perennes en el contexto actual.
En realidad, la cultura, para ser educativa, debe insertarse en los problemas del tiempo en el que se desarrolla la vida del joven.
De esta manera,las distintas disciplinas han de presentar no sólo un saber por adquirir, sino también valores por asimilar y verdades por descubrir”.







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