El acierto del camino energético

En una sociedad desordenada, desorganizada y manipulada por los grandes intereses que mueven al consumo mundial, son pocas veces que en estas columnas nos dedicamos a destacar lo que se hace bien o al menos en forma medianamente acertada, porque lamentablemente la función periodística consiste precisamente en señalar lo que está desordenado o no se hace en forma justa y razonable.
Sin embargo lo hemos hecho en algunas ocasiones, reconocemos que las menos, debido a que también son pocas las cosas que se pueden destacar en este sentido, pero el camino energético que ha recorrido el país en las últimas décadas es uno de los ejemplos de estos aciertos.
Después de la puesta en funcionamiento de la última turbina de la represa de Salto Grande, allá por 1979 no se hizo prácticamente más nada hasta el 2009, esto es casi 30 años después. Se comenzó a hablar de los primeros aerogeneradores.
Fue por entonces que el Ministro de Industria y energía, Daniel Martínez, hoy intendente de Montevideo, dio a conocer los planes de producción de energía eólica y de energía solar, los que hoy nos permiten disfrutar de un estatus privilegiado en el orbe.
Según las estimaciones conocidas, para fines del presente año, Uruguay tendría una capacidad instalada de energía eólica de 1.346 MW anuales, mientras que la demanda actual más el crecimiento proyectado ubica la demanda en los 1.200 MW anuales. Vale decir que en una hipótesis de optimización de la producción eólica, se podría sacar de funcionamiento las centrales hidroeléctricas, reservando el agua de las represas y obviamente también mantener inactivas las centrales térmicas (en base a petróleo), y aún las granjas solares, satisfaciendo con creces toda la demanda del país con energía proveniente del aprovechamiento del viento.
A esto debe sumársele la capacidad de producción de las granjas solares que también se ha incrementado notoriamente. Esta realidad le da al Uruguay una posición privilegiada en la materia, al punto de haber logrado reducir en buena medida su dependencia del petróleo y quedar en condiciones de exportar energía renovable, dada que la producción de la misma promedia el 30 por ciento, siendo el país del mundo con más alto porcentaje de energía renovable en su sistema (por encima incluso de Finlandia, con 20 por ciento, España con 14 y Alemania con 12 por ciento, que son los más destacados).
Es una realidad que nos place destacar, porque nadie discute y a nadie se le ocurre cuestionar las inversiones que se han logrado captar con este objetivo.
Vale la pena mencionarlo.