El agua que bebemos: ese gran negocio

La venta de agua “pura” envasada es cada vez más importante y no sólo en nuestro país. En ocasión de estar en el aeropuerto de Johanesburgo, hace de esto ya diez años, procuramos comprar una botellita de agua, el precio, dos dólares y centavos…

En tanto una botella de igual cantidad de líquido, del refresco más conocido en el Uruguay y uno de los más conocidos en el mundo, costaba un dólar con cincuenta, aproximadamente.

Esta realidad nos pinta el futuro: el agua dulce será escasa, más de lo que es actualmente y la mayoría estará fuertemente contaminada.

Hoy proliferan las aguas “puras” (¿?), aunque los controles que se hacen en laboratorios para garantizar este estado dejan mucho que desear.

Se nos “pintan” como extraídas de fuentes naturales, de lugares remotos y paradisíacos, cuyos acuíferos se nos dicen nunca o casi nunca han sido tocados por el hombre.

En realidad es una afirmación interesada, no se proporcionan pruebas fehacientes de que realmente sea así y sobre todo no se dan a conocer las pruebas de laboratorio que avalarían su estado.

Hoy hasta los acuíferos más profundos pueden ser contaminados por el desorden que el hombre comete en la superficie.

No hay controles serios y responsables, tanto de la procedencia,  no sabemos si el agua que se nos vende realmente procede de los lugares que se dicen o sencillamente se sacan del grifo y se les agrega determinados productos.

La preocupación por verificar las condiciones en que es envasada esta agua y posteriormente distribuida en hogares y comercios, tampoco está sometida a controles estrictos.

Existe toda una controversia, sobre todo en la capital y Canelones, sobre el estado del agua de OSE que consume la población. Hay expertos que sostienen que está en condiciones aceptables de potabilidad, tantos como quienes sostienen lo contrario.

Es más, en reciente reportaje uno de los técnicos más notorios sostenía que la potabilidad del agua del río Santa Lucía que abastece a la región mencionada ha mejorado mucho, pero añadió que él consumía agua embotellada…

Creemos que el Estado debe intervenir en este tema. No es posible que además de tener que pagar por el agua que se utiliza  para la higiene y otros menesteres de la vida, se tenga que comprar el agua para beber, que por otra parte, tampoco nos ofrece la garantía correspondiente de ésta en mejores condiciones…

Es hora de que OSE haga las cosas debidamente para ser merecedora de la credibilidad popular.

a venta de agua “pura” envasada es cada vez más importante y no sólo en nuestro país. En ocasión de estar en el aeropuerto de Johanesburgo, hace de esto ya diez años, procuramos comprar una botellita de agua, el precio, dos dólares y centavos…
En tanto una botella de igual cantidad de líquido, del refresco más conocido en el Uruguay y uno de los más conocidos en el mundo, costaba un dólar con cincuenta, aproximadamente.
Esta realidad nos pinta el futuro: el agua dulce será escasa, más de lo que es actualmente y la mayoría estará fuertemente contaminada.
Hoy proliferan las aguas “puras” (¿?), aunque los controles que se hacen en laboratorios para garantizar este estado dejan mucho que desear.
Se nos “pintan” como extraídas de fuentes naturales, de lugares remotos y paradisíacos, cuyos acuíferos se nos dicen nunca o casi nunca han sido tocados por el hombre.
En realidad es una afirmación interesada, no se proporcionan pruebas fehacientes de que realmente sea así y sobre todo no se dan a conocer las pruebas de laboratorio que avalarían su estado.
Hoy hasta los acuíferos más profundos pueden ser contaminados por el desorden que el hombre comete en la superficie.
No hay controles serios y responsables, tanto de la procedencia,  no sabemos si el agua que se nos vende realmente procede de los lugares que se dicen o sencillamente se sacan del grifo y se les agrega determinados productos.
La preocupación por verificar las condiciones en que es envasada esta agua y posteriormente distribuida en hogares y comercios, tampoco está sometida a controles estrictos.
Existe toda una controversia, sobre todo en la capital y Canelones, sobre el estado del agua de OSE que consume la población. Hay expertos que sostienen que está en condiciones aceptables de potabilidad, tantos como quienes sostienen lo contrario.
Es más, en reciente reportaje uno de los técnicos más notorios sostenía que la potabilidad del agua del río Santa Lucía que abastece a la región mencionada ha mejorado mucho, pero añadió que él consumía agua embotellada…
Creemos que el Estado debe intervenir en este tema. No es posible que además de tener que pagar por el agua que se utiliza  para la higiene y otros menesteres de la vida, se tenga que comprar el agua para beber, que por otra parte, tampoco nos ofrece la garantía correspondiente de ésta en mejores condiciones…
Es hora de que OSE haga las cosas debidamente para ser merecedora de la credibilidad popular.