El agua que desperdiciamos

Técnicos extranjeros que han llegado eventualmente a nuestro país se muestran sorprendidos por el desperdicio de agua dulce que se registra en nuestro país. Israel y otros países en el mundo sufren un pronunciado déficit de agua dulce. Por este motivo mantienen un costoso sistema de desalinización del agua de mar, con cuyo producido logran paliar el déficit de referencia.
Los sistemas de desalinización más grandes del mundo están en países ricos en energía, como Arabia Saudita y Emiratos Árabes, debido a que precisamente los dos sistemas más conocidos de desalinización requieren de grandes cantidades de energía, lo que lo vuelve muy costoso.
En el norte de Chile, donde la lluvia promedio es de 5 milímetros al año, existen ya dos desalinizadoras –“ Antofagasta”, que se utilizan para tratar de producir una cantidad de agua suficiente como para paliar aquel déficit.
En nuestro país en cambio seguimos malgastando “alegremente” el agua dulce, no sólo en lo que se va por la cisterna (y podemos entender cuán costoso puede llegar a ser la instalación de un sistema paralelo de agua de mar para esto), sino que esencialmente el mayor desperdicio se produce en referencia al agua de lluvia, la que promedialmente es aceptable en nuestro país, pero termina toda en arroyos, ríos y luego en el mar, sin que haya mayores aprovechamientos.
Cuando suceden déficit hídricos, como el presente o lisa y llanamente sequías que tienen un alto costo para el país, sobre todo en el daño que provocan a la producción agrícola – ganadera, lo primero que hacemos es reclamar auxilio, tanto mediante el suministro de alimento, como de agua mismo a través de camiones cisternas.
No estamos oponiéndonos a estos reclamos, pero estamos señalando la imprevisión, la falta del debido aprovechamiento del agua natural en todas las posibilidades que en buena medida podría ser combatida mediante una optimización del agua dulce que desperdiciamos.
No se trata de desoír las necesidades de quienes hoy padecen el desastre climático, pero lo que tenemos que entender de una vez por todas y sobre todo por parte de quienes cuestionan la “mala gestión o mala administración de los recursos”, es que no se puede seguir derrochando los recursos naturales cuando la ONU ha advertido que dentro de 7 años (en el 2025), serán 1.800 millones las personas que sufrirán graves carencias de agua potable en el mundo.
Seguir mirando para otro lado y derrochando el recurso del que felizmente disponemos es una omisión imperdonable.
A.R.D.







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