El agua: uno de los bienes más derrochados en Uruguay

Uruguay es uno de los países mas “derrochones” en materia de agua dulce, debido a que se trata de un recurso natural tan abundante que casi a nadie se le había ocurrido por lo menos hasta hace pocos años atrás, que hubiera la necesidad de tomar medidas para protegerla.
Si bien queda claro que es un derecho humano el acceso al agua potable, la realidad indica que la protección y preservación del recurso está aún muy distante.
Si bien en términos jurídicos, las condiciones están debidamente estabelcidas, los controles prácticos de la realidad de esta situación muestran que estamos muy lejos de lograr esta conducta.
En los hechos, no sabemos nunca cuán contaminadas están las aguas subterráneas. No sabemos si existe sobre explotación del recurso, esto es si corre riesgo de agotarse por vaciamiento o si está apenas explotado. No sabemos en cada momento cómo es el estado de las napas freáticas, ni como inciden las actividades industriales y de producción que se desarrollan en la superficie, en referencia a las aguas acumuladas bajo la superficie.
Nadie parece reparar que las aguas subterráneas son sólo una parte del ciclo hidrológico. Estas son las aguas pluviales ( de lluvia), que por saturación se acumulan bajo la superficie y por lo tanto arrastran con ellas todos los productos que hallan sobre la tierra y el aire.
Si antes se trataba de aguas cristalinas y en un estado de pureza incomparable, hoy prácticamente no hay excepciones. Todos los acuíferos están contaminados, algunos más que otros.
Cuidar el recurso de agua es esencialmente entender que debemos preservar este recurso para las generaciones futuras, porque sin agua dulce no hay vida y por lo tanto nuestros hijos,  nietos y demás sucesores dependerán ineludiblemente de disponer de agua dulce y hasta el momento es impensable producir ésta en cantidades y condiciones adecuadas como para abastecer una población.
Sólo a partir de la “Ley del Agua”, que entre otras cosas impide venderla y pone determinadas condiciones para su uso, el país comenzó a cuidar y proteger este bien con más celo, aunque resta aún mucho camino para que realmente la política de protección y preservación del agua dulce, muestre eficiencia y se transforme en una herramienta adecuada para proteger este bien.
La Ley reglamentaria del artículo 47 de la Constitución establece normas claras y precisas en la materia, la cuestión es en qué medida se cumplen los controles que se establecen en ella, porque no hay cosa más triste que tener leyes, pero no hacerlas cumplir.

Uruguay es uno de los países mas “derrochones” en materia de agua dulce, debido a que se trata de un recurso natural tan abundante que casi a nadie se le había ocurrido por lo menos hasta hace pocos años atrás, que hubiera la necesidad de tomar medidas para protegerla.

Si bien queda claro que es un derecho humano el acceso al agua potable, la realidad indica que la protección y preservación del recurso está aún muy distante.

Si bien en términos jurídicos, las condiciones están debidamente estabelcidas, los controles prácticos de la realidad de esta situación muestran que estamos muy lejos de lograr esta conducta.

En los hechos, no sabemos nunca cuán contaminadas están las aguas subterráneas. No sabemos si existe sobre explotación del recurso, esto es si corre riesgo de agotarse por vaciamiento o si está apenas explotado. No sabemos en cada momento cómo es el estado de las napas freáticas, ni como inciden las actividades industriales y de producción que se desarrollan en la superficie, en referencia a las aguas acumuladas bajo la superficie.

Nadie parece reparar que las aguas subterráneas son sólo una parte del ciclo hidrológico. Estas son las aguas pluviales ( de lluvia), que por saturación se acumulan bajo la superficie y por lo tanto arrastran con ellas todos los productos que hallan sobre la tierra y el aire.

Si antes se trataba de aguas cristalinas y en un estado de pureza incomparable, hoy prácticamente no hay excepciones. Todos los acuíferos están contaminados, algunos más que otros.

Cuidar el recurso de agua es esencialmente entender que debemos preservar este recurso para las generaciones futuras, porque sin agua dulce no hay vida y por lo tanto nuestros hijos,  nietos y demás sucesores dependerán ineludiblemente de disponer de agua dulce y hasta el momento es impensable producir ésta en cantidades y condiciones adecuadas como para abastecer una población.

Sólo a partir de la “Ley del Agua”, que entre otras cosas impide venderla y pone determinadas condiciones para su uso, el país comenzó a cuidar y proteger este bien con más celo, aunque resta aún mucho camino para que realmente la política de protección y preservación del agua dulce, muestre eficiencia y se transforme en una herramienta adecuada para proteger este bien.

La Ley reglamentaria del artículo 47 de la Constitución establece normas claras y precisas en la materia, la cuestión es en qué medida se cumplen los controles que se establecen en ella, porque no hay cosa más triste que tener leyes, pero no hacerlas cumplir.







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