El alcance de la renuncia

No tenemos duda alguna que la “salida en paz” que pregonó el Dr. Julio María Sanguinetti cuando en 1985 impulsó la salida a la dictadura, con medidas como el perdón irrestricto a los militares autores de torturas y asesinatos, era lo único factible en aquellos momentos.
Con la renuncia la pretensión punitiva del Estado, que no ha sido otra cosa que ignorar lo acontecido en los oscuros años de la dictadura, era lo más aconsejable y además la única salida posible en aquellos momentos, lo tenemos claro.
Aún a sabiendas que estábamos concediendo un cheque en blanco y a pesar de que la mayoría del pueblo uruguayo dejó claro y posteriormente lo ratificó que compartía la salida, no significa que no tuviéramos también muy claro que lo que se buscaba era precisamente tapar u ocultar los crímenes aberrantes que se habían cometido.
Ahora bien, que casi 45 años después de aquellos hechos (el crimen de Gomensoro y probablemente también del salteño Eduardo Pérez Silveira, salteño fue en 1973) se siga sosteniendo que no se sabe si realmente ocurrieron, si realmente hay desaparecidos, es una ofensa gratuita que no podemos permitir.
Una cosa es la renuncia la pretensión punitiva del Estado, vale decir a no castigar o sancionar a los autores de los hechos, otra muy diferente es ocultar o pretender decir que no existieron, porque al decir que no se sabe si realmente hay desaparecidos, lo que se está haciendo es prestar atención y confiar en la propia versión elucubrada para tapar los crímenes por parte de sus propios autores.
La renuncia a castigar estos crímenes, no supone que también hay que negarlos, sino solamente no castigarlos específicamente como correspondería, pero jamás renunciar a saber que fue lo que pasó y quienes fueron sus autores.
Es la propia conciencia de los militares, la que se encargará de recordarles siempre qué es lo que han hecho. Es su propia conciencia la que los condenará, porque aunque la voluntad popular les haya dado esta chance, si la respuesta no es adecuada jamás volveremos a tener a las fuerzas armadas integradas realmente al sistema democrático republicano que les ha dado vida, les paga su sueldo y mantiene proporcionándoles lo necesario para constituirse en verdaderos defensores del pueblo.
Así son las cosas y negarlo o pretender desconocer la realidad nunca ha sido buena cosa.
A.R.D.