El aporte de la música

Pocas posibilidades tienen los pueblos para festejar acontecimientos en común, que “muevan” a todos y a los que nadie pueda oponerse racionalmente.
Se afirma a nivel popular que la música amansa a las fieras, y si bien no pasa de ser un dicho popular, está basado en un aspecto indesmentible, la música es capaz de apaciguar, de aportar paz y tranquilidad a aquellos espíritus angustiados, que sin embargo son capaces de reconocer y dejarse imbuir por la buena música que aleja los aires de violencia e ira.
Así también sucede con los pueblos, con la convivencia pacífica que se procura con este tipo de celebraciones. Cada pueblo tiene su música preferida, que en muchos casos le identifica y el vivirla y disfrutarla aporta a la buena convivencia.
En nuestro país el Día de la Música se celebra en octubre, día que es celebrado en diferentes fechas en el mundo, pero para nosotros en el Uruguay es el primero de octubre y con este motivo se celebran eventos musicales en todo el país, incluido nuestro departamento.
Apostar a enseñar y difundir los valores de la música, es seguramente un buen camino. Los niños que se dedican a aprender música están encaminando debidamente su vida, hacia valores espiritualmente más satisfactorios y reconfortantes para la propia persona. Basta observar como disfrutan la música los jóvenes cultores, porque pocas veces hemos visto a jóvenes tocar un instrumento “por obligación”.
La música no sólo requiere de aptitud, de “oído” y obviamente de talento como señalaban nuestros mayores, sino también de constancia, de perseverancia y de mucha dedicación, valores no muy frecuentes en nuestros días y que sólo consiguen aquellos que realmente la disfrutan.
La música además permite a quien la cultiva acceder a un contexto privilegiado donde precisamente cultivar los valores espirituales es lo que identifica a quienes en ella se desempeñan.
De allí que la promoción de la música con esta jornada dedicada a difundir y destacar sobre todo nuestra música, es uno de los aciertos que se han determinado por parte de quienes hoy están al frente de la difusión de los valores culturales.
No importa qué tipo de música nos guste, siempre y cuando no se la deforme hacia otras tendencias que nada tienen que ver con el aporte esencial de cultivar valores espirituales.
Seguramente que no basta tener mucha y buena música para tener un pueblo educado y culturalmente destacado, pero es un aporte beneficioso en esta materia que se inscribe en el camino correcto, que abre puertas y diríamos que también “abre cabezas” para entender valores.