El cambio que necesitamos

Debido a nuestra opinión expresada en estas columnas en la últimas edición, podría parecer que apoyamos el delito, desconociendo la situación de las víctimas del delito, teniendo en cuenta los derechos de los delincuentes, pero no de la ciudadanía en general y nada más errado.
Es por eso que en estas columnas procuraremos aclarar nuestra posición y sostener por qué no vemos con buenos ojos las atribuciones que se concederían a los militares.
En primer lugar digamos que siempre condenamos la inseguridad, un aspecto innegable que enfrenta la ciudadanía en nuestros días, pero a la hora de hacerle frente y combatirla tenemos nuestras grandes diferencias con lo que se proyecta.
En primer lugar porque entendemos que la represión de la delincuencia es sólo uno de los aspectos que inciden en este tema. Aún cuando se lograra delincuencia cero porque los militares cumplieran debidamente con el rol que se les asigna, estamos seguros que sólo será cuestión de tiempo para que el problema se replantee.
Lo que sucede con las denominadas bocas de venta de droga es una prueba de ello. La policía desbarata una boca, mete presos a sus responsables y a los pocos días sus familiares asumen la misma actividad y esto se hace una y otra vez. A la prueba está que a veces hay familias enteras en la cárcel.
Reprimir y prevenir bien es una necesidad, como lo es también sancionar debidamente de acuerdo al delito y sin debilidades. Pero al mismo tiempo deben tomarse medidas sociales y educativas capaces de formar en valores y en forma diferente a las futuras generaciones, porque una solución de fondo a esto en el plano inmediato no existe. La salida sólo se logrará a largo plazo y según lo que se haga..
De nada servirá ajustar la represión y sancionar en forma más dura (existe por allí una encuesta que indica que la mayoría de los jóvenes uruguayos está de acuerdo con la pena de muerte). Entendemos que es un error, porque no solucionará nada.
Las medidas que deben tomarse necesariamente deben apuntar a cambiar la situación, a darle mayor equidad a la sociedad, a atender las necesidades reales de los niños y adolescentes para que los que vienen detrás de los que hoy se sienten desamparados, desesperanzados, e ignorados tengan un mejor panorama, perspectivas más claras y mejores posibilidades.
Es esta la línea de trabajo a seguir. Vale decir prepararlos y darles las herramientas para que se transformen en individuos benéficos, positivos para la sociedad en lugar de delincuentes formados en la ley del “hace la tuya”, cueste lo que cueste, porque a la vista están sus consecuencias.
A.R.D.