El camino correcto

El camino de la energía renovable es sin lugar a dudas un gran acierto. En los últimos años Uruguay ha emprendido este camino que lo ha puesto en los primeros lugares del subcontinente en materia de la producción y utilización de las denominadas energías “limpias”.
La hidroelectricidad que tiene la producción de Salto Grande como el mayor logro en la materia, ha sido complementada en los últimos años con la energía eólica con la producción de grandes parques de aprovechamiento de la energía del viento que se levantan principalmente en el Sur y Este del país y vuelcan también una importante cantidad de energía eléctrica a la empresa estatal que la distribuye.
Le sigue en la misma dirección la energía que se produce a partir del aprovechamiento de la energía solar con granjas de energía fotovoltaica, uno de los mayores se está construyendo en el departamento de Salto, en zona cercana a Termas del Daymán.
También en la misma dirección se apunta con la producción de los denominados biocombustibles, a partir de granos y otros vegetales que permiten este aprovechamiento.
En contrapartida tenemos hoy en el plano internacional la abrupta caída del precio del petróleo, seguramente también como un manejo estratégico, que desestimula precisamente la producción de las energía limpias, al hacerlas poco rentables frente a un petróleo barato.
Pero lejos de desalentarse por esta coyuntura, entendemos que el país debe seguir caminando y acentuando el aprovechamiento de las energías renovables, porque hay además en ello un tema de soberanía, de independencia energética para el país.
Cualquier nación dependiente del petróleo, que deba importar éste porque no tiene suficiente cantidad para autoabastecerse, pasa a ser dependiente de los países exportadores.
En cambio un país que produce su propia energía, primero que no tiene dependencia alguna y luego pasa a ser un país que influye positivamente en el cuidado ambiental, elemento sustancial para la preservación del planeta en condiciones habitables.
Quienes han impulsado esta realidad deben estar satisfechos por la situación energética de Uruguay hoy, pero seguramente que si pretendemos un desarrollo mayor y altas posibilidades de competencia para nuestros productos en el extranjero, se debe seguir pensando en maximixar el aprovechamiento de estas energías en el futuro.
Un país sin energía suficiente, está condenado a depender de otros y obviamente que esto lo hace sumamente vulnerable a los intereses extranjeros, esos que la historia indica que no son recomendables nunca.
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El camino de la energía renovable es sin lugar a dudas un gran acierto. En los últimos años Uruguay ha emprendido este camino que lo ha puesto en los primeros lugares del subcontinente en materia de la producción y utilización de las denominadas energías “limpias”.

La hidroelectricidad que tiene la producción de Salto Grande como el mayor logro en la materia, ha sido complementada en los últimos años con la energía eólica con la producción de grandes parques de aprovechamiento de la energía del viento que se levantan principalmente en el Sur y Este del país y vuelcan también una importante cantidad de energía eléctrica a la empresa estatal que la distribuye.

Le sigue en la misma dirección la energía que se produce a partir del aprovechamiento de la energía solar con granjas de energía fotovoltaica, uno de los mayores se está construyendo en el departamento de Salto, en zona cercana a Termas del Daymán.

También en la misma dirección se apunta con la producción de los denominados biocombustibles, a partir de granos y otros vegetales que permiten este aprovechamiento.

En contrapartida tenemos hoy en el plano internacional la abrupta caída del precio del petróleo, seguramente también como un manejo estratégico, que desestimula precisamente la producción de las energía limpias, al hacerlas poco rentables frente a un petróleo barato.

Pero lejos de desalentarse por esta coyuntura, entendemos que el país debe seguir caminando y acentuando el aprovechamiento de las energías renovables, porque hay además en ello un tema de soberanía, de independencia energética para el país.

Cualquier nación dependiente del petróleo, que deba importar éste porque no tiene suficiente cantidad para autoabastecerse, pasa a ser dependiente de los países exportadores.

En cambio un país que produce su propia energía, primero que no tiene dependencia alguna y luego pasa a ser un país que influye positivamente en el cuidado ambiental, elemento sustancial para la preservación del planeta en condiciones habitables.

Quienes han impulsado esta realidad deben estar satisfechos por la situación energética de Uruguay hoy, pero seguramente que si pretendemos un desarrollo mayor y altas posibilidades de competencia para nuestros productos en el extranjero, se debe seguir pensando en maximixar el aprovechamiento de estas energías en el futuro.

Un país sin energía suficiente, está condenado a depender de otros y obviamente que esto lo hace sumamente vulnerable a los intereses extranjeros, esos que la historia indica que no son recomendables nunca.







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