El camino no es fácil pero es reconfortante

Nadie duda de que el camino de la recuperación, después de haber pasado por la cárcel es harto difícil para todos los involucrados. Y en este sentido uno de los aspectos más difíciles de entender, es que todos estamos involucrados de una u otra manera.

En este sentido no hay lugar para los románticos, para quienes todos los que roban o delinquen son una especie de “Robin Hood”, vale decir que roban para repartir o bien roban por necesidad. Los hay, pero también hay mucha gente que aprendió a que este es el camino para tener “plata fácil”, como lamentablemente se les ha inculcado.
Tampoco hay lugar para quienes entienden que es la sociedad la que los “empuja” a delinquir y no tienen ellos la culpa de llegar a esta situación.
Entendámonos bien. Para nosotros quien delinque sea por el motivo que sea, debe pagar su deuda con la sociedad, no con castigos “ejemplarizantes”, léase tormentos, que en forma explícito o bien cobijados por determinadas “autoridades”, existen hoy en el sistema carcelario, sino de acuerdo a lo que establecen las leyes que en este sentido deben ser justas y ajustadas a los delitos cometidos.
Lo que aún no hemos entendido es que la sociedad genera la mayor parte de los delincuentes. Generalmente por situaciones muy difíciles de revertir.
Decía poco tiempo atrás una alta autoridad del Ministerio del Interior que hoy los sicarios y rapiñeros “pesados” no pasan de 13 ó 14 años.
La introducción de las armas de fuego como algo de uso cotidiano ha agravado sensiblemente esta situación.
Pero hay que saber que en muchos casos esos niños tienen sus padres, sus hermanos u otros familiares cercanos, presos o han sido muertos delinquiendo.
Existen casos en que estos “menores” (término que encierra un montón de cosas subliminales), viven solos, en asentamientos o construcciones abandonadas.
No ocultamos que se trata de personas que generalmente no tiene hábitos de trabajo. En la mayoría de los casos no sabe siquiera hablar “normalmente”, porque se maneja con los pocos términos del ambiente carcelario. Tampoco tuvieron las condiciones necesarias para estudiar o formarse y ni que hablar que los ejemplos que recibieron del entorno fueron condenables.
Lamentablemente no creemos que todos ellos sean recuperables (aunque la experiencia indique que jamás debe descartarse de antemano a nadie) pero tampoco se sabe de antemano quienes lo son y quienes no, porque siempre existe una posibilidad de escapar al camino delictivo y sólo Dios sabe quien puede escapar y quién no.
El camino es – para nosotros – el que enseña la DINALI (Dirección Nacional de Apoyo al Liberado, ex “Patronato del liberado”), y algunas de las intendencias, como la de Canelones y Salto, que ofrecen pasantías de algunos meses a procesados y liberados.
Cuando negamos trabajo o incluso alguna “changa” a un ex recluso, estamos tomando parte y no siempre en forma acertada en este tema que reconocemos no es un tema fácil precisamente.
A.R.D.