El camino que América no encuentra

“Somos la región más desigual del mundo. No la más pobre, pero sí la más desigual”, subrayó la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, que apuntó que América Latina y el Caribe es rica en recursos naturales pero tiene una escasa gobernanza sobre ellos en cuanto a propiedad y distribución se refiere.
Además, según explicó Alicia Bárcena, la clase media emergente posee ahora un mayor acceso al consumo privado de bienes para el hogar, pero los espacios, bienes y servicios públicos, que deben ser provistos por el Estado, adolecen de una calidad o de una infraestructura adecuadas.
Sobre el escenario económico internacional, la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL resaltó que la región es vulnerable por cuanto está sujeta a la volatilidad de los precios de las materias primas, vinculados en gran medida a factores externos, particularmente el crecimiento de la economía china.
“China está moviendo sus cimientos hacia la inversión. Nosotros continuamos todavía sobre el pilar del consumo pero deberíamos movernos también hacia el de la inversión”, añadió Bárcena. El problema, explicó, es que las importaciones de América Latina y el Caribe son superiores a sus exportaciones y algunos países no cuentan con ahorros suficientes para invertir más.
Alicia Bárcena advirtió asimismo de que América Latina y el Caribe continúa muy fragmentada y puso como ejemplo de esa falta de integración el reducido porcentaje que representa el comercio intrarregional, que -según dijo- supone solo el 19 % del total, mientras que en Asia asciende a cerca del 40 % y en Europa, a dos tercios.
Esta es nuestra triste realidad. Mientras otras regiones incluida China, que se supone con problemas muchos más importantes que América, avanza unida y a pasos avasallantes, América y en especial el sub continente latinoamericano, sigue envuelto en grandes contradicciones a la hora de integrarse, los mercados no terminan de hallar la forma de apuntar todos en el mismo sentido y terminamos confundidos en un mar de intereses individuales que apuntan a obtener ventajas propias aunque los vecinos se hundan en la pobreza.
La realidad de América del Sur la hace demasiado endeble y dependiente esencialmente del mercado exterior, cuando existen altas posibilidades de limitar mucho esta dependencia fomentando el intercambio de bienes y la comercialización interna que hoy favorece a otras regiones del mundo.
Quizás lo aprendamos a tiempo, porque difícilmente se podrá avanzar en planes de equidad y de mejor distribución de recursos si no  avanzamos en una menor dependencia del exterior.

“Somos la región más desigual del mundo. No la más pobre, pero sí la más desigual”, subrayó la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL, que apuntó que América Latina y el Caribe es rica en recursos naturales pero tiene una escasa gobernanza sobre ellos en cuanto a propiedad y distribución se refiere.

Además, según explicó Alicia Bárcena, la clase media emergente posee ahora un mayor acceso al consumo privado de bienes para el hogar, pero los espacios, bienes y servicios públicos, que deben ser provistos por el Estado, adolecen de una calidad o de una infraestructura adecuadas.

Sobre el escenario económico internacional, la Secretaria Ejecutiva de la CEPAL resaltó que la región es vulnerable por cuanto está sujeta a la volatilidad de los precios de las materias primas, vinculados en gran medida a factores externos, particularmente el crecimiento de la economía china.

“China está moviendo sus cimientos hacia la inversión. Nosotros continuamos todavía sobre el pilar del consumo pero deberíamos movernos también hacia el de la inversión”, añadió Bárcena. El problema, explicó, es que las importaciones de América Latina y el Caribe son superiores a sus exportaciones y algunos países no cuentan con ahorros suficientes para invertir más.

Alicia Bárcena advirtió asimismo de que América Latina y el Caribe continúa muy fragmentada y puso como ejemplo de esa falta de integración el reducido porcentaje que representa el comercio intrarregional, que -según dijo- supone solo el 19 % del total, mientras que en Asia asciende a cerca del 40 % y en Europa, a dos tercios.

Esta es nuestra triste realidad. Mientras otras regiones incluida China, que se supone con problemas muchos más importantes que América, avanza unida y a pasos avasallantes, América y en especial el sub continente latinoamericano, sigue envuelto en grandes contradicciones a la hora de integrarse, los mercados no terminan de hallar la forma de apuntar todos en el mismo sentido y terminamos confundidos en un mar de intereses individuales que apuntan a obtener ventajas propias aunque los vecinos se hundan en la pobreza.

La realidad de América del Sur la hace demasiado endeble y dependiente esencialmente del mercado exterior, cuando existen altas posibilidades de limitar mucho esta dependencia fomentando el intercambio de bienes y la comercialización interna que hoy favorece a otras regiones del mundo.

Quizás lo aprendamos a tiempo, porque difícilmente se podrá avanzar en planes de equidad y de mejor distribución de recursos si no  avanzamos en una menor dependencia del exterior.