El capital humano se nos deteriora

De acuerdo a recientes expresiones del Director del Programa Infamilia,  dos de cada tres jóvenes no completan el liceo y un 45% plantea su intención de emigrar, según los datos correspondientes a la segunda Encuesta Nacional sobre Adolescencia y Juventud que se presentó en el INJU.

El director del programa Infamilia del Ministerio de Desarrollo Social, Jorge Campanella, explicó que en este informe se analizaron cinco temas de los 10 que abarcó la encuesta nacional.

Si bien no hemos conocido datos de la evolución de este tema en las últimas décadas, resulta lamentable que sólo uno de cada tres jóvenes logre completar sus estudios de Primaria.

Evidentemente que es esta una materia pendiente. El camino del desarrollo humano pasa por la prelación, por el conocimiento mucho más que por lo estrictamente económico.

El capital humano de un país tiene que ver precisamente con el conocimiento y la preparación de sus jóvenes para el mercado laboral y la deserción de los jóvenes del ciclo de Secundaria les mutila gran parte de sus posibilidades de prepararse debidamente para el futuro.

En alguna medida esta deserción es responsabilidad de todos, de los padres, del sistema educativo, de los docentes y de los propios estudiantes, pero también de los “antivalores”, como el individualismo, el tener o tener, la convicción de que el fin justifica los medios y particularmente la urgencia de tener todo “ya”, con el mínimo esfuerzo posible.

Lamentablemente no hemos sido capaces de enfrentar la enorme corrupción que significa una educación hedonista donde la satisfacción del placer “es lo único que vale”.

Es importante que identifiquemos debidamente al enemigo en este sentido. Tenemos tiempo de hacerlo y de evitar que nos siga robando nuestros jóvenes.

La frustración, el ocio, la holgazanería que son el resultado casi ineludible de la no preparación. Si a ello le sumamos la “filosofía” de que el fin justifica los medios, podemos entender por que son estos jóvenes el mejor mercado para las drogas y la delincuencia.

Pero no apuntemos sólo a las consecuencias. La caída de valores comienza mucho antes, cuando nosotros descuidamos la labor de permanentes centinelas que deberíamos tener en referencia a los valores de la educación, a la incidencia de los medios, a algunos aspectos totalmente nocivos que se inculcan a través de publicidades lamentables, que a todos nos rechinan, pero nadie se atreve a ponerles freno, como si esta posibilidad estuviera más allá de las normativas.

No nos hagamos los distraídos. Si tenemos esta realidad, en buena medida es porque todos nos hemos descuidado.

Comencemos por admitirlo, para tratar de remediarlo.