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El costo del cambio climático

En reciente conferencia de prensa, Richard Kozul-Wrigth, técnico principal en la elaboración del reciente informe presentado en la Conferencia Mundial sobre Clima, celebrada en Ginebra, ha advertido sobre algunas urgencias en materia de medidas para enfrentar el cambio climático.
La estimación fue que se requieren inversiones del orden de los 600.000 millones de dólares anuales para hacer frente a este desafío. El informe rechazó además la visión de algunos países desarrollados que estimaban que dichas inversiones podrían esperar hasta el año 2030. La opinión de los expertos es tajante, “deben hacerse ahora”.
El mencionado experto de ONU ha levantado que el mayor conocimiento científico sobre el cambio climático y la divulgación de éstos a la opinión pública no hayan tenido un impacto positivo en los países ricos, que “siguen incumpliendo sus promesas de financiación y de transferencias de tecnologías limpias al mundo en desarrollo”.
Se considera que que los recursos bilaterales y multilaterales comprometidos a corto plazo   para el cambio climático son muy insuficientes, al igual que los 21.000 millones de dólares en fondos oficiales anuales destinados a enfrentar el cambio climático, la mayoría de los cuales sirve para mitigar sus efectos (desastres naturales) y no para prevenirlos.
Cuando aún el mundo no termina de asumir la urgencia de las medidas que se requieren para enfrentar el problema, se ha registrado un nuevo fenómeno en Sumatra, poniendo de manifiesto la gravedad del tema.
Si depende de los intereses económicos, como ha sucedido hasta el momento, seguramente se llegará tarde para disminuir al menos las consecuencias de los desastres que aparejará el cambio climático.
Por estos días se han escuchado voces sosteniendo que lo que se puede hacer es tratar de ajustar los pronósticos, para disminuir las consecuencias.
En realidad, este es el enfoque que pretenden darle los países desarrollados, quienes han provocado y provocan la mayor parte del problema y quienes siguen insistiendo en reducir el tema a lo económico.
Obviamente que resultará siempre más barato y sobre todo menos perjudicial para sus intereses propios, reparar las consecuencias del problema, antes que invertir para evitarlos.
Esta es la cuestión. No se trata de velar a los muertos, ni hacerles entierros de lujo, sino de evitar que estas personas mueran a consecuencias de “fenómenos” provocados por nosotros mismos y que no quisimos reparar porque el costo económico sería elevado.
Esta es la cuestión.