El delito se “aggiorna” mucho más rápido que la ley

En muchas ocasiones hemos sostenido la necesidad de adecuar rápidamente la ley y el marco jurídico a las nuevas modalidades delictivas porque la realidad muestra que el delito es mucho más rápido que la ley precisamente para “aggiornarse”.
La convicción viene de larga data, pero un hecho reciente nos reafirmó plenamente en la convicción de referencia.
Resulta que tras varias semanas de investigaciones finalmente cayó en poder de la Policía el hombre que había amenazado de muerte al sociólogo Gustavo Leal, cara visible del Ministerio del Interior en la demolición y las medidas que se llevan adelante en los famosos “palomares” de Casavalle, en Montevideo.
Sucede que el delincuente, cuñado de la mujer que está presa al comprobarse que se trataba de la líder del grupo criminal “Chingas” no sólo se ha burlado de la Policía, la ley, la Justicia y de toda la población en general, sosteniendo que no fue a la escuela, que no sabe leer ni escribir y no tiene padres burdas mentiras, sino que a esta altura tendría grandes posibilidades de quedar en libertad.
Sucede que en principio se lo había incriminado por el delito de amenazas, delito cuya sanción no prevé cárcel, sino otras medidas correctivas.
El delincuente amenazó esgrimiendo armas de fuego y sin embargo para la ley esto no es suficiente para encarcelarlo, aunque se sostiene que es el responsable del desalojo forzoso de 110 personas del lugar.
Una situación muy similar se registra cuando vemos que la Policía intenta un allanamiento en determinado lugar que ha sido identificado como centro de actividades delictivas.
Muchas veces vemos que los coches policiales llegan con la orden de allanamiento y con luces de colores titilando, cuando no con sirena abierta.
En estos casos los delincuentes que tienen por lo general todo previsto y aún cuando no hayan sido “alertados”, cosa que también suele suceder, los delincuentes rápidamente se cambian de lugar, pasando por los fondos de la vivienda allanada o incluso a veces a través de agujeros que han practicado en las propias viviendas, apareciendo tres o cuatro casas más allá, en viviendas en que la Policía no dispone de órdenes para allanarlas e incluso se sientan a observar la labor policial totalmente fuera del alcance de la ley.
Es lamentable, pero real y concreto. En muchas ocasiones vemos que no se trata de tener más recursos humanos, sino de darles las herramientas adecuadas para que puedan cumplir debidamente su función.
A.R.D.