El desafío de la conservación del agua

El aumento de la población del planeta supone al mismo tiempo un aumento en la demanda del agua dulce, al tiempo que también una mayor incidencia en lo que tiene que ver con el uso y la conservación de mares y océanos de agua salada.

Se estima que cada habitante humano de la tierra consume entre dos y cuatro litros de agua dulce por día. Pero además de esto hay que tener en cuenta cuanta agua se requiere para la producción de los alimentos que consumimos.

El sólo auge de la demanda obliga a pensar debidamente en un uso razonable, que asegure la preservación de las fuentes de agua en las condiciones debidas para las necesidades vitales, tanto de consumo de agua, como para la producción de alimentos, incluidos los animales destinados a faena.

Sin agua no hay vida. Esta debería ser una consigna asumida debidamente por la población del planeta y sin embargo estamos muy lejos de obrar en consecuencia.

Hoy existe un enorme derroche de agua dulce en muchos casos y en otros lugares los habitantes de determinadas regiones siguen teniendo grandes penurias para conseguir diariamente un poquito de agua.

Hace ya muchos años que se anunció que las guerras del futuro serían por el agua y en alguna medida, este elemento ha estado presente en algunos conflictos.

Sin embargo, en países como el Uruguay, seguimos viendo como gran parte del agua dulce se va por el baño y en otros casos luego de ser usada con fines de esparcimiento se vuelca sencillamente al río o a desagües, sin ser aprovechadas en toda su potencialidad.

Uruguay es felizmente un país rico en agua dulce, tanto superficiales, como subterráneas, dado que la zona Norte del país se asienta sobre uno de los mayores acuíferos del mundo.

Sin embargo el cuidado ambiental de estas fuentes deja mucho que desear. Los habitantes de estos países aún no hemos entendido que el agua no es un recurso infinito y que nuestras acciones inciden en gran medida en la preservación o la contaminación de las fuentes de agua dulce, lo que pone en riesgo incluso la existencia de la vida sobre el planeta.

Generalmente acusamos a los gobiernos locales y nacionales de no tener políticas ambientales adecuadas para la preservación ambiental. Sin desconocer la responsabilidad de estos actores de la vida pública, entendemos que la principal responsabilidad es la de los ciudadanos comunes. Una vez que se asuma esto y se obre en consecuencia, será fácil presionar a cualquier gobernante para que también  cumpla su rol.

En cambio mientras no asumamos nuestra responsabilidad, le estamos dando al gobierno de turno un buen argumento para incumplir también.

Ojalá lo entendamos a tiempo







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