El desafío de saberse manejar ante las redes

Ninguna actividad humana está exenta de ser manipulada políticamente. La cuestión es en qué medida esta manipulación responde a intereses justos y válidos privilegiando el interés y los derechos de los más desposeídos y en qué medida responde a intereses individuales o grupales que relegan este interés.
Hoy en el mundo de la globalización y de las redes sociales, es muy fácil manipular los temas de esta manera. A menudo vemos como en estas redes se difama, se calumnia y muchas veces se desfiguran los temas procurando sacar provecho de ellos.
Pero hay que tener muy claro que las redes sociales no son más que una herramienta, un vehículo para expresarse, no la expresión en sí, aunque sería torpe negar la tremenda incidencia que han alcanzado en nuestros días, en que es difícil que una persona joven no se maneje en ellas. El tema está en lo que hagamos con esa herramienta. Hemos sostenido en este sentido que también un martillo es una herramienta, muy práctica para las tareas para las cuales fue creado, pero también puede transformarse en un arma letal, si se lo emplea de otra forma.
Salvando las diferencias es un caso muy similar. Nadie ni nada “obliga” a adoptar como cierto y verdadero todo lo que circula por las redes sociales, pero hay muchas personas que así lo toman. Basta con que alguien lo diga, muchas veces en forma anónima, para que se lo repita y se lo tome como verdadero.
Tampoco quiere decir que nada de lo que allí circula lo sea. En los hechos han servido incluso para defender la democracia en eventos en que gobiernos totalitarios han desvirtuado la realidad o pretendido negar hechos.
Las redes sociales bien empleadas, son tremendamente beneficiosas, pero empleadas para la maldad son también terriblemente dañinas.
Es uno de los desafíos existentes en este sentido.
Lo que debemos sacar en limpio es que cuando la persona está debidamente formada, se tiene claro el concepto de qué es información y qué son rumores, anónimos y rebuscados, probablemente con manifiesta malignidad, es decir, sin probar, que tienen un alto riesgo de tratarse de infundios, de difamación, hecha mucha veces con el innegable interés de dañar y probablemente arruinar una vida.
La verdad es una sola y muchas veces, el hecho de que algo no se pueda probar ante la Justicia, no quiere decir que no sea verdad. Es más, aún cuando la Justicia no condene por falta de pruebas, para quienes creemos, sabemos que hay otra justicia donde la veleidad de los hombres no tiene lugar.







Recepción de Avisos Clasificados