El desempleo que no siempre es visible

Días atrás el Director de la Asociación Cristiana de Jóvenes en Salto, Carlos Calixto, nos comentaba preocupado la situación que indirectamente había constatado en la ciudad, a través de dos llamados de trabajo realizados por la institución que dirige.
En el primero de los casos, se hizo un llamado para contratar un trabajador social. Era un cargo permanente y se requería haberse titulado en la licenciatura universitaria correspondiente.
Nuestra sorpresa se dio debido a la cantidad de aspirantes que se presentaron: 25, nos dijo Calixto, un número que nunca sospechamos pudiera registrarse en estos momentos.
El segundo llamado, para una suplencia de un mes, era para un psicólogo. En este caso – a pesar de que era un mes de trabajo – se presentaron 13 personas, número que también fue sorpresivo para nosotros– señaló.
Quizás haya que revisar las estadísticas de desempleo, porque estas cifras indican que hay un buen porcentaje de mano de obra profesional que no tiene trabajo y eso no es bueno en ningún caso y no lo hemos visto reflejado en ninguna estadística.
Los comentarios de Calixto nos mueven a preocupación. Si la gente que se prepara, que estudia y consigue estar a la altura de los requerimientos para ejercer una profesión, no tiene lugar, ¿qué podemos esperar para quien no se prepara?
Esto sin tener en cuenta que hay algunas empresas grandes de producción frutícola instaladas en los últimos años que se han visto sacudidas por situaciones que las han llevado a tomar la decisión de ausentarse del país en el corto plazo.
Precisamente los costos país, el precio del dólar y las leyes sociales – Uruguay es uno de los países que tiene mayor marco de leyes sociales para el trabajador – influyen en la decisión.
Seguramente que no es el único factor y probablemente tampoco sea el principal, pero sería interesante analizar la situación a fondo, porque el trabajo es la palanca que mueve el país.
Una nación cuya gente tiene trabajo seguramente se desenvolverá en paz y tranquilidad. Cuando no existe éste o la situación está complicada, hay gente que habitualmente viviría de su trabajo, que no tiene más remedio que salir a buscar otra forma de vida y no siempre esta es digna ni buena para todos.
Ojalá entre todos se pueda revertir esta situación. Un país que no protege a sus jóvenes está condenado a tiempos difíciles. Ya  los hemos vivido y sabemos lo duras que son estas épocas, por lo tanto es imprescindible prever con tiempo estas coyunturas para que no se reiteren. Entre todos podemos evitarlas.

Días atrás el Director de la Asociación Cristiana de Jóvenes en Salto, Carlos Calixto, nos comentaba preocupado la situación que indirectamente había constatado en la ciudad, a través de dos llamados de trabajo realizados por la institución que dirige.

En el primero de los casos, se hizo un llamado para contratar un trabajador social. Era un cargo permanente y se requería haberse titulado en la licenciatura universitaria correspondiente.

Nuestra sorpresa se dio debido a la cantidad de aspirantes que se presentaron: 25, nos dijo Calixto, un número que nunca sospechamos pudiera registrarse en estos momentos.

El segundo llamado, para una suplencia de un mes, era para un psicólogo. En este caso – a pesar de que era un mes de trabajo – se presentaron 13 personas, número que también fue sorpresivo para nosotros– señaló.

Quizás haya que revisar las estadísticas de desempleo, porque estas cifras indican que hay un buen porcentaje de mano de obra profesional que no tiene trabajo y eso no es bueno en ningún caso y no lo hemos visto reflejado en ninguna estadística.

Los comentarios de Calixto nos mueven a preocupación. Si la gente que se prepara, que estudia y consigue estar a la altura de los requerimientos para ejercer una profesión, no tiene lugar, ¿qué podemos esperar para quien no se prepara?

Esto sin tener en cuenta que hay algunas empresas grandes de producción frutícola instaladas en los últimos años que se han visto sacudidas por situaciones que las han llevado a tomar la decisión de ausentarse del país en el corto plazo.

Precisamente los costos país, el precio del dólar y las leyes sociales – Uruguay es uno de los países que tiene mayor marco de leyes sociales para el trabajador – influyen en la decisión.

Seguramente que no es el único factor y probablemente tampoco sea el principal, pero sería interesante analizar la situación a fondo, porque el trabajo es la palanca que mueve el país.

Una nación cuya gente tiene trabajo seguramente se desenvolverá en paz y tranquilidad. Cuando no existe éste o la situación está complicada, hay gente que habitualmente viviría de su trabajo, que no tiene más remedio que salir a buscar otra forma de vida y no siempre esta es digna ni buena para todos.

Ojalá entre todos se pueda revertir esta situación. Un país que no protege a sus jóvenes está condenado a tiempos difíciles. Ya  los hemos vivido y sabemos lo duras que son estas épocas, por lo tanto es imprescindible prever con tiempo estas coyunturas para que no se reiteren. Entre todos podemos evitarlas.