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El drama de la citricultura

La citricultura es la principal actividad laboral del departamento de Salto, tanto es así que somos conocidos en el país a determinado nivel como “los naranjeros”. Es por eso que la situación por la que atraviesa hoy el sector debe movernos a preocupación.
Nadie puede desconocer que hoy se estima que 14 mil personas trabajan y viven en torno a los ingresos que les proporcionan las actividades en la citricultura.
Junto a la horticultura se trata de uno de los cultivos frutícolas que requiere mayor cantidad de mano de obra y de allí que haya barrios enteros que dependen de esta actividad.
Más allá de la permanente lucha por los salarios que reciben estos trabajadores, hoy está en juego otra cosa más importante aún, la existencia de esta fuente de trabajo.
Nadie ignora que en otras épocas situaciones como la presente eran creadas en forma artificial para obtener créditos “blandos” u otros beneficios que terminaba pagando el pueblo. Es por eso que lo primero a confirmar en la actual situación es precisamente la veracidad de lo que se plantea.
No estamos afirmando nada, es más, conocemos la situación y los desafíos de la citricultura a nivel mundial. Cuando los Estados Unidos abrieron las puertas de su mercado a los citrus uruguayos, muchos fueron los que tiraron “cohetes”, entre ellos nosotros. Pero el tiempo nos fue ubicando en la realidad.
El mercado estadounidense, uno de los más apetecibles del mundo porque es de los que mejor paga, no se abrió para los citrus “tradicionales” del Uruguay sino, que las exigencias que tiene actualmente, sólo admite citrus con determinadas características que no incluyen precisamente a los uruguayos. Esto es citrus sin semilla, con cáscara fina, de determinado tamaño y demás y aún así para ellos existe un nicho de mercado muy reducido, breve en el tiempo.
La citricultura uruguaya y la salteña en particular ha sido conocida y reconocida en el mundo por otras características, el aroma y sabor de sus naranjas, limones y pomelos.
Hoy estos aspectos se hallan afectados por la contaminación del medio ambiente, pero siguen siendo característica especial de nuestros frutos, sobre todo la dulzura de sus naranjas y el aroma de sus azahares.
Es probable que las exigencias del mercado norteamericano se deba más a una traba burocrática, concebida para trabar precisamente de alguna manera las buenas intenciones de quienes lograron la apertura del mercado para nuestros citrus, que a una real exigencia y a la preferencia de los consumidores estadounidenses.
De todas maneras funciona y nadie puede ignorar que es una dificultad muy difícil de superar para el sector. Que se transforma en un gran problema social en el país, al que debemos encarar y procurar una salida lo antes posible.

Alberto Rodríguez Díaz