El drama de tener que evacuar

Una creciente es siempre un episodio lamentable para cualquier urbe y probablemente sea una de las situaciones más difíciles de manejar por parte del ser humano a la hora de informar.
Sucede que quien no tiene experiencia de inundaciones anteriores generalmente se muestra reacio a tomar medidas de precaución, porque entiende que son exageradas, que el río por lo general no llega a tanto y de allí que se procure “no alarmar” y por lo tanto quien informa aún basándose en datos fidedignos, es fácilmente acusado de “alarmista”.
Por su parte las familias que se ven afectadas o pueden verse afectadas según la crecida, aguardan siempre hasta que el agua efectivamente les inunde para decidirse a salir.
Dos aspectos esenciales explican esta conducta.  En primer lugar, porque quien tiene experiencia en este aspecto sabe que una vez que el río baja el  problema ya no es el mismo, subsisten  olores y suciedades, pero no hay necesidad de evacuar la vivienda.
Este elemento lleva a especular con la posibilidad hasta último momento de evitar la mudanza, por todo lo que esto significa de contratiempos y daños en muebles y enseres en general.
Pero quizás el elemento determinante para que haya gente que incluso prefiera retirarse sólo algunos metros, de su vivienda, pero sin abandonarla,  es el hecho de que lamentablemente hay gente que se dedica a  romper y robar todo lo que puede de las casas inundadas, puertas y ventanas sobre todo son blanco “preferido” por estos malvivientes.
Quienes no entienden estas reglas no escritas que rigen en estos casos, no llegarán a entender por qué se espera hasta último  momento para aceptar la evacuación y en algunos casos ésta se hace de  noche y hasta bajo lluvia.
Alguna vez hemos oído comentarios hechos a la ligera, atribuyendo supuesta culpabilidad a estas familias “porque va a vivir al lado del río”. Decir esto es  ignorar que las zonas inundables son generalmente las de menor valor o incluso terrenos públicos,  no aptos para vivir y las familias que allí se afincan no tienen otra opción de vivienda.
Vale decir que hay también una responsabilidad mayor de gobernantes y de la comunidad toda que obviamente nunca nos detenemos a atender.
Hoy la cuestión puntual es asistir a estos coterráneos, pero mañana y siempre será tratar de hallar condiciones de vida dignas para todos en materia de vivienda.

Una creciente es siempre un episodio lamentable para cualquier urbe y probablemente sea una de las situaciones más difíciles de manejar por parte del ser humano a la hora de informar.

Sucede que quien no tiene experiencia de inundaciones anteriores generalmente se muestra reacio a tomar medidas de precaución, porque entiende que son exageradas, que el río por lo general no llega a tanto y de allí que se procure “no alarmar” y por lo tanto quien informa aún basándose en datos fidedignos, es fácilmente acusado de “alarmista”.

Por su parte las familias que se ven afectadas o pueden verse afectadas según la crecida, aguardan siempre hasta que el agua efectivamente les inunde para decidirse a salir.

Dos aspectos esenciales explican esta conducta.  En primer lugar, porque quien tiene experiencia en este aspecto sabe que una vez que el río baja el  problema ya no es el mismo, subsisten  olores y suciedades, pero no hay necesidad de evacuar la vivienda.

Este elemento lleva a especular con la posibilidad hasta último momento de evitar la mudanza, por todo lo que esto significa de contratiempos y daños en muebles y enseres en general.

Pero quizás el elemento determinante para que haya gente que incluso prefiera retirarse sólo algunos metros, de su vivienda, pero sin abandonarla,  es el hecho de que lamentablemente hay gente que se dedica a  romper y robar todo lo que puede de las casas inundadas, puertas y ventanas sobre todo son blanco “preferido” por estos malvivientes.

Quienes no entienden estas reglas no escritas que rigen en estos casos, no llegarán a entender por qué se espera hasta último  momento para aceptar la evacuación y en algunos casos ésta se hace de  noche y hasta bajo lluvia.

Alguna vez hemos oído comentarios hechos a la ligera, atribuyendo supuesta culpabilidad a estas familias “porque va a vivir al lado del río”. Decir esto es  ignorar que las zonas inundables son generalmente las de menor valor o incluso terrenos públicos,  no aptos para vivir y las familias que allí se afincan no tienen otra opción de vivienda.

Vale decir que hay también una responsabilidad mayor de gobernantes y de la comunidad toda que obviamente nunca nos detenemos a atender.

Hoy la cuestión puntual es asistir a estos coterráneos, pero mañana y siempre será tratar de hallar condiciones de vida dignas para todos en materia de vivienda.