El estigma del repetidor

A raíz de un reciente fallo judicial, finalmente dejado sin efecto por un tribunal de apelaciones, se reflotó la vieja polémica sobre la conveniencia o no de la repetición por parte de alumnos escolares, liceales y demás.
En realidad hace muchos años que oímos hablar de este tema y nunca, que sepamos hubo acuerdo sobre el mismo.
Los repetidores, generalmente más grandes que los demás por ser extraedad, siempre fueron tratados despectivamente y en este concepto caían frecuentemente incluso aquellos que habían quedado repetidores por motivos de salud, traslados o similares.
En realidad ahora que todo tiene denominación en inglés se conoce como “bullying”, ya lo sufrían quienes repetían que se sentían señalados, tratados como “burros” y demás.
Por lo tanto el problema no es de la enseñanza, o de la educación, como quiera llamarle, sino de nosotros mismos que les inculcamos a nuestros niños estos conceptos dañinos, maliciosos y en muchos casos totalmente injustos.
Nos gustaría saber si hay encuestas independientes que hayan tomado en cuenta el resultado final de las repeticiones. ¿Cuántos son los alumnos que repiten que luego logran “reenganchar” en la educación formal?
¿Cuántos terminan abandonando la educación, cansados de ser perseguidos y estigmatizados?
Es sabido que en países más desarrollados es bastante frecuente que los alumnos universitarios, antes de decidir qué carrera habrán de hacer, se tomen lo que ellos suelen llamar un año sabático, vale decir un año sin estudiar nada para tratar de madurar su opción.
Y a nadie le parece descabellado o una pérdida de tiempo. Es más, aquí en nuestro país conocemos casos de jóvenes que han comenzado una carrera y luego la abandonan para seguir otra que les resulta más atractiva. Y esto no se ve como un retroceso, sino como un signo de madurez y de reafirmación de lo que se quiere.
Queda claro entonces que el problema no es la repetición en sí, la que está sumamente cuestionada e incluso se ha abolido en algún país, sino el concepto que seguimos teniendo de la misma. Existen opciones, una es la de reforzar aquellas materias en que el alumno hubiera andado flojo, con clases extras, que obviamente deberían existir en todos los liceos para que no fuera discriminatoria, pero sin dejar de asistir al siguiente grado.
Si hay en algunos liceos y no hay en otros, como en la actualidad, sólo por problemas locativos, entonces deja de ser democrático y deja de ser una enseñanza igualitaria para todo el mundo.
Si atendemos el fondo de la cuestión el problema no es la repetición, sino el concepto que tenemos de la misma y esto no se arregla con un fallo judicial ni tampoco estigmatizando al niño o adolescente.
A.R.D.







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