El eterno dilema

Hasta ayer lunes la cifra de evacuados por la crecida del río Uruguay era de nueve evacuados, pero se aguardaba un mayor número para mediados de semana que se aguarda el grueso de la creciente.
Como se hace habitualmente en estas situaciones, la Comisión de Emergencias procedió a socorrer a las personas que están en esta situación, procurándoles alojamiento fuera del alcance de las aguas.
Nadie discute la pertinencia de esta acción, pero existen algunos aspectos que necesariamente Salto debe resolver.
Es el hecho de que la mayoría de las personas evacuadas en estas circunstancias, ocupan lugares donde está prohibido construir, precisamente porque se hallan a una cota en la que de tanto en tanto el río Uruguay alcanza y por lo tanto es necesario desalojarlos.
El peor de los casos es el de todas las personas que se ubican en la costa, un lugar donde teóricamente no está permitida construcción alguna, por tratarse de un paseo público.
Sin embargo nadie ha podido solucionar este tema, al punto que han pasado gobiernos departamentales de todos los pelos y colores y nadie logró erradicarlos.
En un mal entendido aspecto de sensibilidad social, alguien les autorizó –de hecho – a instalarse precariamente allí. El tema es que una vez instalados han pasado varias décadas sin que estos paseos públicos hayan sido devueltos a la comunidad, como corresponde.
La actual crecida ha obligado a la evacuación primero de personas que están en esta situación.
Vale decir que encima de estar ocupando un lugar prohibido, que pertenece al pueblo salteño, es el pueblo uruguayo el que tiene que acudir en su auxilio, proporcionándoles un albergue y otros elementos para ayudarles a paliar la situación.
Este es el dilema de fondo. Mientras nadie haga cumplir las disposiciones en este aspecto, seguiremos teniendo estas grandes contradicciones. Ya no sólo impiden a la población salteña que pueda disfrutar de la costa –porque estas personas la han ocupado – sino que además periódicamente hay que acudir en su auxilio.
Es una paradoja difícil de resolver, pero necesariamente el gobierno y el pueblo salteño lo tiene que hacer, porque entraña una situación de tremenda injusticia.
Alberto Rodríguez Díaz