El fácil recurso de “politizar”

Es necesario entender que la humildad engrandece. Si algo hemos comprobado en nuestra trayectoria de más de cuatro décadas en el periodismo, es la verdad irrefutable de que la humildad engrandece y es una característica de quienes realmente saben y constituyen verdaderos emblemas en sus ambientes.
Viene al caso porque en los últimos meses hemos notado una total falta de humildad en los receptores y muchas veces también en los impulsores de reclamos. Antes de analizar la justicia de un reclamo o de una posición determinada, se mira quien o quienes la están impulsando o defendiendo y entonces el argumento para restarle importancia, cuando no rechazarlo lisa y llanamente, es el mismo ¨se trata de algo politizado”.
¿Qué hay contra la política? Les preguntaríamos. Es política prácticamente todo lo humano, porque en el fondo los hombres nos movemos a favor o en contra de algo. Diferente es cuando se pretende “usar” una posición o un movimiento a favor de determinada posición ideológica.
Para nosotros el hecho de tener militancia política, no invalidad para nosotros el derecho a manifestarse a favor o en contra de una situación, aún cuando obligue a mirar más detenidamente cada posición.
Pero es igualmente condenable el apresuramiento en calificar de “politizada” una manifestación o una posición porque está “fulano”, o “sutano”, sin detenerse a analizar si se trata de un reclamo justo o no. Es un recurso habitual, tanto a nivel gubernamental como en la oposición y suele usarse con mucho apresuramiento. Negar que existen problemas de seguridad hoy es tan equivocado, como lo es también negar que vivimos en un mundo cada vez más violento, en el que el recurso más fácil y a mano que parece estar disponible, parece ser la violencia del insulto o la agresión lo que suele manejarse más fácilmente.
Es para nosotros el mismo error que negar que el vertedero a cielo abierto de Salto constituye un gran problema que debemos resolver entre todos los salteños para que deje de ser notoriamente perjudicial para la salud humana. Pero esto sólo será posible si se comienza por asumir la existencia del problema.
Cuando se recurre a la negación o el desconocimiento del problema nos hace acordar aquello de la política del avestruz que si bien nunca pudimos comprobar, conocemos la máxima que asegura que cuando el ave se siente perseguida y acorralada mete la cabeza en cual que hueco creyendo que si no lo ve, el problema no existe…
Lamentablemente es una situación frecuente en nuestros días.
Alberto Rodríguez Díaz







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