El faltazo

El ausentismo, que no sólo se da en el trabajo, sino también en el estudio y en otros compromisos, es necesario verlo y analizarlo en un marco de poca responsabilidad y de una desmotivación bastante extendida en nuestros días.

No ignoramos que el ausentismo es una consecuencia y sólo muy circunstancialmente responde a una motivación más o menos «explicable», como un Mundial de Fútbol, por ejemplo.

Seguramente tiene motivos psicológicos que no son fáciles de explicar, pero tienen que ver con la satisfacción o no de la actividad laboral que se cumple. Esto es, la motivación, lo que realmente mueve.

Tiene que ver también con la responsabilidad personal. Muchas veces, aún cuando no estemos demasiado satisfechos con lo que estamos haciendo, asumimos, por disciplina y responsabilidad los compromisos que hemos contraído.

Este ha sido el camino que nos han enseñado. Los peldaños en cualquier actividad se suben con esfuerzo y sacrificio, acumulando méritos, además de demostrar capacidad e idoneidad para la tarea.

Ahora bien, en nuestros días notamos una especie de facilidad para hallar excusas y faltar al trabajo.

Seguramente hay en esto algo psicológico que lleva a justificar con facilidad el ausentismo. En la actividad pública, vemos muchas veces la existencia de un sistema demasiado «benevolente», para tolerar las inasistencias, aspecto que seguramente deteriora la razón de ser de los servicios públicos, la atención al usuario, que en realidad es quien paga los salarios de todos los empleados públicos.

Es el mismo mal entendido que hace atender en forma displicente o insensible, quizás debido a alguna mala experiencia personal del funcionario y también a la casi inexistente posibilidad de que se le exijan cuentas de su accionar. Esta seguridad basada en la inamovilidad del funcionario público está en la base de la situación.

Es difícil de entender cómo cuesta asumir la necesidad de prestar un buen servicio que no sólo deje satisfecho al usuario, sino también al funcionario la satisfacción de sentirse cumpliendo eficientemente su tarea.

Entiéndase bien, conocemos casos de funcionarios eficientes y correctos, pero también de los otros.

Es bastante «raro», encontrar hoy espíritu de sacrificio y perseverancia para cumplir compromisos por encima de lo que pueda agradarnos o no.

Es difícil entender que muchas veces necesitamos escalar paulatinamente hasta llegar a tareas o funciones más cercanas a las que nos gustaría cumplir.

Nadie regala nada y eso seguramente lo aprenderemos con la experiencia y en orden a los méritos y la eficiencia en el cumplimiento de los compromisos, es el camino que nos puede acercar a aquella meta. No es segura, lamentablemente no siempre llega quien tiene más capacidad, más conocimientos o más méritos, pero nos deja en la mejor posición, a la hora de competir y de reclamar lo que nos corresponde en virtud a esto y no a «color» político u otra afinidad.

Alguna vez lo aprenderemos.