El futuro de Uruguay, es asunto de todos los uruguayos

Siempre serán bienvenidas las inversiones que traigan consigo el progreso y la prosperidad a nuestro país, pero estas, ¿deben ser a cualquier costo?
En los últimos días hemos visto al oficialismo y a la oposición enfrentarse por el desconocimiento de las negociaciones que se vienen efectuando entre el gobierno y la empresa finlandesa UPM, ante la eventual mega inversión de U$S 4.000 millones de dólares que esta realizaría en nuestro país, para la construcción de una nueva planta de celulosa.
Las dudas parecen haber surgido una vez que el Presidente Tabaré Vázquez anunciara que el contrato con UPM sería firmado en este mes, además del anuncio de la difusión de los pliegos de condiciones del llamado que se realizaría para ejecutar las obras necesarias.
Ante el hermetismo que el Poder Ejecutivo ha tenido sobre el avance de las negociaciones (lo que ha molestado incluso a sus partidarios), cuyos únicos datos que han sido divulgados a la opinión pública, son que en contrapartida de tan elevada apuesta, la empresa extranjera –entre otras cosas-, solicitaría una importante reducción impositiva, la reparación y construcción de una porción importante de las vías de transporte (férrea y carretera), y la nada despreciable suma de U$S 1.000 millones de dólares que debería aportar el Estado uruguayo; y frente a la crítica y el permanente cuestionamiento a la actitud gubernamental, parece haberse abierto una puerta de diálogo –esperado y oportuno, donde se trataría de despejar todo tipo de especulaciones respecto a la marcha de dichas negociaciones con la multinacional, por lo cual, la comisión de Industria de la Cámara de Senadores, recibiría el próximo jueves 26 de octubre, a representantes del Ejecutivo (Ministerios de Industria; Economía; Vivienda, Ordenamiento Territorial y Medio Ambiente; Oficina de Planeamiento y Presupuesto; Prosecretaría de Presidencia).
Enhorabuena dicho encuentro, y enhorabuena la no siempre presente convicción de que el porvenir del Uruguay no pertenece a unos pocos, ni podrá lograrse sin la anuencia y el consenso concienzudo de todos, o por lo menos de la mayoría; donde las reglas del juego sean claras y específicas, no dando lugar a desagradables sorpresas que tengan como blanco al bien común y colectivo de nuestra sociedad.
Dr. Adrián Báez